El Misterio, digo el Ministerio de Igualdad, mi madre y yo

La marsellesa me arruina la siesta. Vaya por dios, no estaba soñando, es la última melodía que le he colocado al móvil en honor a la Bruni (esa tía lista, casi tanto como Anita Delgado).

¿Diiiiiiiiga?
-Niña, seguro que estabas sobando.
-¡Mamá! Noooo, veía la tele, una de Bruce Lee, puedo jurarlo.
-…o estabas colgada del ordenador, viendo cochinadas
-Que no, que yo ya no hago eso. Lo he dejado.
-Claro, claro. ¿Qué, cómo estás? ¿Sigues saliendo con ese picaflores? Tu hermana dice que la semana pasada pasó por tu casa y la tenías hecha un asco. Myrna me ha dicho que se niega a poner un pie hasta que no hagas propósito de enmienda.
-Myrna es una fresca, mamá. Hierve en una olla mis bragas de la Perla porque no le da la gana de lavarlas a mano. Lo sé porque huelen a avecrem.
-Cariño, el servicio ya no es lo que era antes, dile que las bragas son de Zara para que no se ofenda. Secuelas de la democracia. ¿Has visto las noticias?
-No, mamá, ya te he dicho que veía una de Bruce Lee. ¿Qué ha pasado?
-Esa gaditana con nombre de travesti. La han nombrado ministra…¡¡de igualdad!! Y es jovencísima. Por lo visto antes era bailaora de flamenco o algo similar.
-Sí, sí, algo he visto en intern… digo en la tele, una rubita con cierto estilo que también es adicta a la tecla.
-Sí, hija, sí. Fíjate lo bien que se lo montan algunas, no como tú. Aprende, a ver si espabilas. Hay que ver cómo han cambiado los tiempos, antes las artistas eran las queridas de los ministros y ahora… si tu abuelo levantara la cabeza. ¡Una artista jovenzuela ministra! ¡Una parvenue!
-¿Pero ministra de qué, mamá? Venga ya. ¡De igualdad! ¿Qué coño es eso?
Eso es lo que impedirá que las Myrnas del mundo laven las bragas delicadas a mano, cariño. Es más, cada alma acabará lavando sus propias bragas. También impedirá que tus pretendientes te subvencionen los ‘lobutines’, las rosas rojas, el Pingus y los banquetes en Zalacaín. Un desastre, Roberta, el Apocalipsis. Pero la madre de esa niñata estará como loca de contenta. Su hija es toda una ministra. ¡¡Ministra!! ¿Me oyes? Le pondrán una calle en su pueblo y le harán la pelota en el Casino. La atenderán la primera en la peluquería, llegue a la hora que llegue. ¿Cómo no me di cuenta a tiempo?
-¿De qué mamá?
-Pues de qué va a ser. Tú también podrías haber sido ministra de algo, siempre has tenido mucho desparpajo, pero tu padre y yo impedimos que fueras a las huelgas de estudiantes; te enseñamos a cantar el Cara al Sol en tres idiomas y ¡te bautizamos envuelta en una bandera de España con el escudo antiguo!. Si hubiera sabido que los ministerios iban a mutar en lavanderías… ¿Quién me iba a mí a decir que las porteras acabarían teniendo acceso a la universidad gratis?
-Hombre, mamá, tampoco es eso. Además, yo quiero ser cupletista y Bibi, que entiende mucho de lo mío, elevará la profesión a la categoría de arte. Seguro que el gobierno subvenciona mis galas.
-Ah, hija, qué inocente eres. Parece mentira, cualquiera diría que han pasado ya más hombres por tu cama que los que pasaron por la de mi madre, mi abuela y mi bisabuela juntas.
-Ya, ya, pero mira como tú no te cuentas.
-¡Niña, más respeto que soy tu madre!
-¿Y qué hacemos, mamá? Ahora las ministras se llevan jóvenes y sobradamente preparadas; mejor si son monas, pero no demasiado para que las marujas no se ofendan. Ergo yo no puedo ser ministra porque tengo las tetas grandes y me pinto los labios con rouge Dior. Además, fumo. Y en el Congreso no se puede fumar.
-Mea culpa todo, debería haberte sacado el carnet del partido, el del paro y el de CCOO cuando cumpliste la mayoría de edad en lugar de regalarte un BMW y un viaje a París. En esto consiste ahora el pedigrí: a los perros les consta en la cartilla canina y a los humanos en la cartera, en los documentos que acreditan sus filiaciones políticas.
-Da igual, mami, no sufras.
-Y tú no sirvas a quién sirvió ni pidas a quién pidió.
-Menos mal, ya me estaba preocupando.
-Cuídate reina, y saluda al picaflores de mi parte.
-Hombre, picaflores, picaflores, pues no: es progre y alto funcionario.
-Picaflores he dicho.Y un pelagatos, eso es lo que es. A ver si te luce más el pelo y te coloca.
-Son muy rencorosos, mamá. No perdonan.
-Claro que sí, todavía nos quedan un par de ases en la manga. Cuéntale lo del marquesado del abuelo, ya verás como traga.
-Besos, mamá.
-Besos, mi vida. Come bien y no fumes tanto.

ClicK!

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