El preso de la mamada se escapa

Hace unos días una funcionaria de prisiones sorprendió a un “convicto” al salir del baño de señoras, digo de presas, mientras se subía los pantalones. El recluso le contó que un funcionario le había hecho una mamada; no sabemos a ciencia cierta si la cosa fue voluntaria o involuntaria, mutua, recíproca, consensuada o accidental. El caso es que el funcionario, repito, el funcionario, se la chupó al delincuente privado temporalmente de libertad, un tal ‘J.L.S.E.’, de nacionalidad colombiana, que cumple una pena de nueve años por tráfico de drogas. No ha trascendido si a la presunta víctima le gustó; el caso es que al chupador se le abrió un expediente disciplinario laboral y se le suspendió de empleo porque podría estar incurriendo en un delito aunque hubiera contado con el beneplácito del preso. El Código Penal así lo tipifica en su artículo 180.1: “Cuando, para la ejecución del delito, el responsable se haya prevalido de una relación de superioridad”. Más tarde lo readmitieron (total, por una chupadita…)
Pues bien, resulta que el elemento (¿pasivo?) de este incidente se ha fugado. Disfrutaba de un permiso carcelario de un fin de semana pero no ha regresado a su celda. Tampoco sabemos si el hecho de que el funcionario reconvertido en delincuente lujurioso le practicara una felación al ex convicto está relacionado con su fuga.
¡¡Queremos saber!!

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