Leña al mono

Al degenerado de Nanysex le dio un puñetazo en las narices el padre de una de sus víctimas durante el juicio. Hoy, sus compañeros presos, han arrojado una toalla envuelta en llamas a su celda. Ha tenido suerte, no se ha achicharrado; sólo tiene quemaduras leves. No me preocupa lo más mínimo, antes o después tendrá lo que se merece, dentro y/o fuera del ámbito judicial.

Nanysex ejercía de canguro y “jugaba” con bebés: grababa sus “juegos” y difundía las imágenes vía internet. Dice el elemento que aceptaría la castración química, pero sería más razonable que pidiera a gritos la lapidación pública (y púbica). La primera consiste en tomar un par de pastillitas diarias (en EEUU existe el caso de un pederasta que fue sometido a este tipo de castración, lo soltaron y sustituyó su pene flácido por un palo). La segunda implica un grado mucho más elevado de compromiso por parte del acusado.
Nanysex niega haber penetrado a sus víctimas, “sólo” reconoce haber introducido su repugnante miembro ¿viril? entre la piel y el pañal de los niños a los que “cuidaba”.
Que juzgue el prójimo, yo me inhibo. La imparcialidad no forma parte de mis virtudes, ni falta que me hace en casos como éste.

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