(Presuntos) errores

Lo que sucede después “de cagarla”, a pesar del pánico que evoca el “antes de”, no es para tanto. Una vez sumergido el sujeto en la desgracia, complicación o contratiempo -llámese como se llame la circunstancia adversa- se impone capear el temporal lo mejor que se pueda, porque es imposible saber qué va a suceder con posterioridad aunque se pueda intuir. No queda más remedio que enfrentar la situación con entereza, tratando de mantener la coherencia para no perder la razón. O eso, o dejarse llevar por la cultura del sufrimiento y despeñarse por el cerro de la autocompasión y el victimismo, que con frecuencia suele conducir a la hostia emocional.
Decía Confucio que cometer un error y no corregirlo es otro error. Pero la corrección de ese error podría convertirse en otro error mayor según la percepción de quien lo juzgue.
¿O acaso no existen ni los errores ni los aciertos?

Ilustro con la meliflua de Ofelia (imaginada por Jhon Everett Millais, concebida por Shakespeare en Hamlet), que acabó ahogándose en un lago por su carácter débil.

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