Archive for 31 octubre 2008

Sus majestades los maricones
31 octubre, 2008

Con perdón, pero con razón.
Y es que cualquiera le tose al colectivo gay.
Su majestad (por derecho, ella sí) la reina Sofía, ha cometido el imperdonable desliz de celebrar su setenta cumpleaños consintiendo a la opusiana Pilar Urbano que traslade algunos de sus pensamientos al populacho. No sabemos si la soberana ha sido influida por su nuera, ya que según la periodista, “Letizia ha sacado a la reina a la calle“. Pues mejor la hubiera dejado en palacio. Desconocemos si la tuneada princesa ex-periodista ha sido la responsable de dar el visto bueno al libro, que por cierto, ya está agotado.
La reina-con acierto- nunca intervino en determinadas cuestiones sociales, no al menos a título público, con luz, taquígrafos y opusiana ávida de prestigiarse ante la Obra. ¿A qué viene este desmelene a destiempo, Doña Sofía? ¡Nobleza debería obligar! La casa real niega las declaraciones de la soberana, pero la enjuta periodista insiste: el libro ha sido debidamente supervisado, oigan.
Doña Sofía ha cometido un error de cálculo subestimando a la nueva realeza: el colectivo gay.
Los homosexuales se han revelado -¡y rebelado!- como un grupúsculo cerrado e intolerante que no transige ante quienes no consideran la homosexualidad como una opción natural, una suerte de pátina divina o una condición superior. En estos tiempos que corren quien no es maricón no es nadie, oigan. Si alguien alberga alguna reticencia con respecto al particular, siempre le queda la opción de declararse bisexual o por lo menos, viciosillo.
Yo por si acaso me declaro maricón y monárquico, no sea que la inquisición gay me condene a la hoguera del vituperio.

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20 de noviembre
21 octubre, 2008

Pues no estoy anunciando los fastos del día más fascineroso del año por anticipado, listillos.
Los blogueros, esa especie inagotable de vanidosos detestables que campan por el ciberespecio -entre los que no me encuentro porque yo sólo rebuzno- han escogido este día, que también es el día universal del niño, para luchar contra la pornografía infantil.Todo bloguero solidario que lo desee puede añadirse a la inciativa. Sólo hay que publicar el día 20 de noviembre un post relacionado con el tema.

El objetivo de esta blogocampaña, que arranca hoy, es que el próximo 20 de noviembre –Día Universal del Niño– cientos de blogs escribamos un post en el que aparezca la frase Pornografía infantil NO para sembrar los buscadores de Internet de severas críticas a esta vergüenza humana y social. De esta forma conseguiremos que las ciberbúsquedas de las palabras pornografía+infantil al menos golpeen las conciencias de tanto salido mental. En el post podéis colar términos de búsqueda empleados por los pederastas y pedófilos como “angels”, “lolitas” o “preteens” para llegar adonde queremos llegar.

Mas información aquí.

Breve apunte ‘costumbrista’ con forma de epístola coñazo
20 octubre, 2008

Querido:
He estado unos días en la costa amalfitana. He paseado por Nápoles, Capri, Pompeya, Positano… Impresionantes todas y cada una de ellas. Creo que ha llegado el momento de enloquecer y largarme a Amalfi. Quiero ser una mujer de negocios, una ejecutiva influyente: voy a poner un puesto de dedales esmaltados.
La costa amalfitana es patrimonio mundial de la UNESCO. La única forma de acceder a ella es a través de una carretera estrecha y serpenteante, cuajada de precipicios imposibles y salpicada de pueblecitos increíblemente hermosos. Aun así, no creas que tiene poco tráfico, sino todo lo contrario, incluidos autobuses limitados a doce metros de longitud. Allí es normal que un vehículo recule doscientos metros cada dos por tres en plena “chicane” y naturalmente, las discusiones entre chóferes con la adrenalina por las nubes forma parte del encanto del lugar. Los insultos y discusiones entre ellos son otro atractivo turístico más. Qué machotes, qué estilazo, qué virilidad, cuánto arte y glamour derrochan cagándose en sus respectivos muertos. Para que te hagas una idea, un conductor de línea amalfitano trabaja dos semanas y descansa una.
Yo me quedé en un establecimiento con sus cinco estrellas de rigor, con la piscina cavada en las rocas. La planta alta está al borde de la carretera y las habitaciones se descuelgan a lo largo de un precipicio que se asoma al mediterráneo. Una maravilla, pero es que allí cualquier rincón es maravilloso. Estoy convencida de que la belleza se inventó en Italia, pero esta afirmación no sólo se debe a la riqueza artística que sus excelsos representantes crearon en tiempos: fue la propia naturaleza la que lo dispuso así. Y si fue Dios quién creó el mundo, allí echó los restos, porque ya no se trata sólo de la disposición de las piedras, ni de las grutas, o del mar o la vegetación, que va; también ellas y ellos destacan con un no sé qué salvaje que les brota desde dentro. Me gustaría ser italiana y del sur, ahora que lo pienso.
Poner los pies en Pompeya fue un sueño hecho realidad. A pesar de que me limité a los topicazos (el lupanar te hubiera gustado) disfruté como una enana. Recorrí las calles pompeyanas con sandalias de esparto -altas, muy altas- sin caerme ni tropezar en ningún momento. El Vesubio al fondo, tranquilo pero majestuoso, y yo la más pompeyana de todas las pompeyanas que hayan puesto sus pies allí. Qué cuento tengo. Será porque me entonaba después del café –y no ese agua negra que tomamos los españoles- con dos limonchelos, que allí saben mejor porque es allí donde se inventó ese licor para deleitar el espíritu. También se inventó la pizza en Nápoles, aunque me cuentan ya en tierra ibérica que no, que la inventaron en Barcelona (¿¡!?). Estaban buenas, claro que sí, pero prefiero los “pétalos de rosa” que probé en “Chez Black“, en el puerto de Positano. No se trata de cocina de fusión ni de alimentos deconstruidos a lo Ferrán Adría, que va. En el sur de Italia la parafernalia se remite a los excesos de la madre naturaleza, a la verborrea de sus habitantes o a la dilatación del tiempo. Se trata de una pasta redonda y plana acompañada de una salsa de setas exquisita.
En Capri ‘me metí’ en una gruta que usaba en tiempos Tiberio como piscina. Un barquero te conduce a través ella en una barquita decrépita mientras te canta “Oh sole mío” y cosas así. Humillante, pero es lo que hay. Tiene la particularidad de que el sol se filtra en el agua de una manera extraña y parece que está iluminada, de manera que se torna de un azul indescriptible. Y es que Capri es para perderse en una zodiac con una nevera portátil, una manta y un napolitano galante, fornido y mentiroso, ya que está cuajada de grutas y recovecos que invitan a la lujuria. Una pena que el principal atractivo de la isla resida en el comercio de lujo. Está atestada de turistas, es incómodo y desagradable pasear por esas callejas tan bonitas tropezando con japoneses y alemanes alienados. También son incómodas y poco recomendables las sandalias de esparto -altas, muy altas-, tal vez por esa razón el souvenir más demandado de la isla sean precisamente las sandalias, pero planas. Y demasiado caras.
El guía, que se llamaba Paolo y era napolitano, tuvo el detalle de leernos durante el trayecto de regreso la carta que Plinio el Joven escribió al historiador Tácito narrando los últimos momentos de su tío Plinio el Viejo durante la erupción que destruyó Pompeya. Tenía el hombre (y tiene, supongo) una voz muy varonil. Creo que él y yo éramos los únicos verdaderamente interesados en la lectura, él porque leía, yo porque cerré los ojos y disfruté de la lectura arrobada. Podría ampliar mi relato hasta la extenuación, pero como sé que eres un señor bastante ocupado y poco detallista, no te voy a castigar más. Eso sí, anota en la (apócrifa) lista de obligaciones un nuevo e hipotético destino para fugarnos.
Besos.
(Ilustro con una imagen de la Gruta azul de Capri)

Spinning
5 octubre, 2008

Hoy: competición con mi nuevo profesor de spining, un seudomoderno de provincias que pone música de un tal Hugo que estuvo en OT para estirar y entra en éxtasis sobre la marcha.
Estábamos pocos: cuatro amiguetes suyos, dos pilis acabadas y yor, la magnífica. Oigo cómo le dice la frase mágica a media voz a uno de sus colegas: hoy voy a dar poca caña, esta el nivel bajito y tal… Pedazos de gilipollas asfixiados que vienen a escupir los cubatas el sábado (yo tomo orujo blanco). Estos echan las tripas aquí por mis cojones marineros. Empieza la clase, resistencia alta, culo arriba (ahí no hay quien me funda), llega el negro cabrón -el que me soba a veces con la excusa de la postura- a tirarse el moco. Es otro monitor que anda por ahí. Me hace un gesto, tienes que subirla más (la resistencia) y se pone a trastear mi bici, tocarme el culo sería demasiado descarado en esta situación. Le cambia la cara, está muy alta. Le dedico una sonrisa de chula sobrada. Mira al otro monitor con cara de póker y empieza a “amenazarnos-me”. Nos pone a 130 revoluciones, pero yo voy a 150 y sobrada. Hostia, que se asfixia el tío. Se ha picado conmigo, justo lo que necesito para cargarme la carrillada, la japuta en adobo, los boquerones fritos, los huevos revueltos con papas y jamón y el tiramisú de anoche. ¡Qué rico todo! Amenaza con cuatro golpes de ocho tiempos seguidos a esa velocidad, pero no aguanta ni dios, salvo esta que lo cuenta, aunque noto que me da como un dolorcillo en el pecho… Que se jodan. Se bajan dos maromos y una maruja de sus bicis y el tío pregunta que si queremos más. Por mí vale, le digo feliz, así que me dedica una canción bakalaera a una velocidad de muerte con poca resistencia y el culo arriba. Como no me afecta, prueba con isométirco -a ver si me bajo- pero nada, yo sigo como una rosa. Finalmente se rinde, pincha al Hugo y me parece notar por sus movimientos que es maricón, pero por otra parte me ponen un poco cachonda un par de gestos que ha hecho. Será el sudor.
Lo he celebrado con media tableta de chocolate Valor.

Nota aclaratoria: no es falta de modestia ni vigorexia, pero soy como Perico Delgado