Las malas compañías

marta-y-chorizoParecía un chorizo y efectivamente, lo era.
Pero en estos tiempos de globalización debemos tener consideración con los chorizos; consideración, tolerancia y hasta respeto, porque son miembros de pleno derecho del sistema de bienestar, el mismo sistema que protege a los delincuentes y los confunde con los marginados o los indigentes; este sistema al que hemos llegado tras cientos de años de aprendizaje lento y trágico.
Esta vez el chorizo, el proyecto de delincuente, se consolidó como tal atizando con un cenicero en la cabeza a una ingenua joven de diecisiete años que probablemente creería estar viviendo una aventura apasionada similar a las que idiotizan a tantos otros jóvenes, televisión -u otro medio similar- mediante. Luego está el factor internet, que da la puntilla a las almas cándidas. No digo yo que este bendito medio sea el infierno, pero mal utilizado, puede llegar a serlo. Los padres, familia y amigos de la malograda joven, intuían el peligro potencial del chorizo, pero cualquiera le pone el cascabel al gato tal y como está el patio: que una cosa es tener pinta de chorizo y otra es acusarlo con premeditación y alevosía; porque el chorizo, el proyecto ya consolidado de delincuente, es un ciudadano con los mismos derechos que usted y yo, y no se puede ni se debe prejuzgar a un chorizo en función del estilismo chusquero por el que se haya decantado, porque como es bien sabido, todos los ciudadanos somos iguales ante la ley aunque algunos apunten maneras y acaben atizando con el cenicero en la cabeza a algún inocente.
El chorizo, como no podía ser de otra manera, tenía amigos y familiares de su misma categoría moral y social, es decir, también chorizos. Estos familiares y amigos se han convertido en presuntos cómplices. Vaya por delante el calificativo ‘presunto’, que es otro derecho adquirido por el delincuente. Estos ‘presuntos’, en lugar de acudir a la policía a dar parte del crimen, decidieron colaborar con el (presunto) asesino, porque en este mundo globalizado repleto de chorizos idiotizados, han cobrado valor la “amistad” y la “lealtad” mal entendidas en detrimento de otros valores morales elementales. A las películas y a los programas de televisión idiotizadores me remito.
Moraleja: el chorizo que aparenta ser un chorizo, es un chorizo por mucho que el sistema lo fomente, ampare y proteja.
Y hay que alejarse de los chorizos como norma general.
Digánselo a su hijos. Díselo a tus amigos.

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3 comentarios

  1. Muy bueno el artículo. Un saludo del equipo del programa La Radio de los Blogueros.

  2. Gracias, Radioblogueros.
    Saludos para vosotros también.

  3. q estupido jajajaqjajajajajajajajaj

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