Archive for 24 noviembre 2009

El prestidigitador
24 noviembre, 2009

El insípido, el gafe, el mameluco, el vende-patrias, el estafador, embaucador, impresentable, incompetente, flojo, falso, cínico, capullo… en fin, el presidente del gobierno español ha sentenciado que la crisis se ha acabado porque sí, porque lo dice él.
Aclara Pepe Luis, eso sí, que la crisis se ha acabado, pero que él no sabe ni el cómo, ni el cuándo, ni el dónde, ni el por qué, como reza la copla.
Copio y pego para que no haya dudas:Zapatero ha asegurado que la recuperación “se ha iniciado” y “todo apunta” a que el ritmo “se va a acelerar”, pero ha admitido que no sabe “con qué fuerza” ni “con qué progresión” ha comenzado, ni cuándo la economía tendrá “el vigor suficiente para crear empleo”.
Es decir, lo mismito que negó en su momento pero en versión ‘viceversa’. Repite su proceder chusquero sin ningún rastro de vergüenza. Manipuló y tergiversó con desfachatez para evitar el resbalón en las anteriores elecciones. La mayoría de la peña, ilusa, se lo tragó: alegríiiiia, alegríiia. Ele, arsa, toma que toma. Con un par. ¿Quién dijo crisis?
Todavía recuerdo aquel debate televisado entre el pájaro de Solbes y Pizarro, ese señor con cara de antipático, poco fotogénico y aspirante a la cartera de Hacienda. La boca le dolió al hombre de repetir que mientras no se generara empleo íbamos de culo. Las hordas progres quedaron encantadas con la farsa que interpretó don Pedro mientras que los demás asistíamos impotentes al debut y efímero ocaso de un tío competente que no daba bien en pantalla.
¡¡Ejjjjpañoles!!: Zapatero vuelve a la carga. ¡Y van…!
El patio está revuelto y al mesías progre no se la ha ocurrido otra cosa que volver a intentar tomar el pelo a sus votantes. Habrá que ver si se dejan esta vez.
Yo no tengo claro, la verdad. Que reaccionen, quiero decir.

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Intento fallido de alegato lésbico-feminista
21 noviembre, 2009

Definitivamente, detesto a los hombres. Siempre he pensado que son el eslabón entre el mono y la mujer. Y digo que los detesto por muchas y muy variadas razones, tantas que soy incapaz de exponerlas con coherencia. Así que no estoy dispuesta a desentrañar un discurso impecable, bien argumentado, razonado y escrupulosamente documentado. No me da la gana. Detesto a los hombres porque los detesto. Mientras más mayor me hago menos me complacen y más me desagradan. Y a mí lo que me gusta es que me complazcan y punto. No le pido más a un maromo, sólo eso.
Exijo poco: calla, paga, sonríe y no mees fuera de la taza ni del tiesto. ¿Y el sexo? Cuando a mí me pete: poquito y del tradicional. No me gusta despeinarme ni que me suden. Puestos a elegir entre un buen rabo o una dosis de telebasura, me decanto por la segunda opción. Al fin y al cabo ambas actividades tienen en común la posible presencia de la manta como atrezzo.
A menudo pienso que la convivencia con una semejante sería mucho más cómoda que el amancebamiento con un individuo del sexo (presuntamente) dominante. Las chicas somos mejores compañeras de vida en general. Cari, qué cenamos. Cari, si vas al Mercadona tráete esto o lo otro. Cari, regálame ese libro… ¡que ya traes debajo del brazo! Cari, que limpia está la taza del inodoro. Cari, hoy no tengo ganas, hacemos palomitas y vemos Sálvame de Luxe. O le damos de comer a los patos. Seguro que Cari colabora o no colabora, pero no jode el invento ni pone cara de… no sé cómo describir esa expresión, la cuestión es que la detesto. No importa que se esfuercen e intenten manifestarse de manera positiva: ellos siempre fingen, especialmente cuando aparentan interés. No incurriré en el topicazo del sexo. Es tan sencillo como tirar de refranero: más vale pájaro en mano y tal y tal. O sea, si soy yo la que está en el catre como si es la vecina nonagenaria del sexto. Lo que esté más próximo y sea más cómodo: la cuestión es meterla en alguna oquedad calentita. Luego ya cada uno es libre de adornar la escena con metáforas y epítetos o no adornarla. Después, lo de siempre: a mear fuera del tiesto y de la taza.
Es frustrante que no me atraigan mis congéneres porque estoy convencida de que sería mucho más feliz, aunque también sudan y desgraciadamente carecen de excrecencias tuberosas localizadas en la entrepierna, que es la forma más esperpéntica que se me ha ocurrido esta mañana de sábado-sabadete para mentar la única cualidad destacable que adorna aquello que tanto detesto.
Y bla, bla, bla…

(Ilustro con una soberbia vista de Keanu Reeves de espaldas porque hay excepciones)

Inciso
12 noviembre, 2009

No sé si serán los efectos secundarios de una (presunta) gripe A o si se tratan de los primeros síntomas del climaterio, pero graves son las consecuencias en cualquier caso

Le encuentro un puntito sexy al canalla del Cachuli.

Sí, por eso mismo, por lo de canalla (con el añadido de los postizos dientes de ratoncillo). Los canallas son todos arrebatadores. La vida junto al canalla se nos antoja apasionada, con altos y bajos coronados de finales felices, de momentos tórridos, de lágrimas sofocadas entre arrullos, de… en fin. Los canallas es lo que tienen.
Ponga en su vida un canalla que él ya se ocupará de convertirse en un mártir.

Definitivamente, tiene que ser la gripe.

Moraleja: más vale insulso pacífico en mano que cien chulazos volando

Dolor
2 noviembre, 2009

dolorEl dolor es una reacción de las terminaciones nerviosas que a la larga se traduce en sufrimiento. Lo que empieza como un síntoma o un aviso de que algo no anda bien, si se hace crónico, acaba transformándose en un sentimiento. Fastidia, joroba, jode, molesta y amarga el día a día de quien lo padece.
Ésta desgraciada amante y voraz practicante de la prodigiosa disciplina del deporte ninguneó un día un dolorcillo. Lo relegó a la categoría de achaque transitorio. Demasiados abdominales. Cosas de la edad. ¡Psche! ¡Bah!
Preguntando al extenso elenco de dolientes crónicos que pulula por mi ecosistema, pude constatar que a todo hijo de vecino le duele algo, lo que sea. Unos se resignan, otros se hacen abanderados de la causa del dolor: lo pregonan a los cuatro vientos y lo utilizan como arma arrojadiza (véase apartado familiares directos y/o indirectos). Los demás se medican para seguir en el tajo. En común tienen todos ellos el goce y disfrute de la tertulia literaria sobre sus padecimientos. Por último estamos los otros, los que ignoramos el martirio y no mentamos a la bicha, a ver si así se aburre y se espanta.
Pero no. Se queda, crece y se hace poderoso. Da un golpe de estado en la conciencia y de pronto uno deja de hacer las cosas que antes hacía. A saber: las rebajas, la pelu o incluso ir al estanco. Te das cuenta de que empiezas a tocar fondo cuando la indiferencia manifiesta su presencia ante el planteamiento de un fin de semana en el Byblos, por poner un ejemplo sencillo.
Con el tiempo hay que tragar. Se llega a la conclusión de que hay que pasar por el taller de chapa y pintura. Descubres que el asunto es serio y empieza una letanía interminable de sermones, consejos y peregrinaciones varias.
Uno de mis usureros, perdón he querido decir curandero, me hace levantar la pierna hasta que consigo chuparme la rodilla y me la coloco tras la oreja; me doblo sobre mí misma como una alcayata perfecta, hacia delante, hacia atrás. ¡No, hacia atrás no, que duele mucho! Bato el récord de salto a la pata coja alrededor del perímetro de su consulta sobre la pierna izquierda; después pulverizo mi propio récord con la derecha. -¿Y el dolor? -Pues oiga, ahí, ahí, pero eso no impide que… Por fin alguien le muestra la prueba del delito. Para mi desdicha, la puta resonancia canta por peteneras. ¿Pero cómo puede usted…? Y le cuenta al residente -para no quedar mal- que los amantes del deporte somos difíciles de diagnosticar porque despistamos. Me recomienda ingerir porquerías para paliar mi sufrimiento. –Oiga, que no quiero acabar como (mi llorado) Michael Jackson, no le digo para que no me tome por el pito de un sereno. No quiero medicarme, resuelvo comentar en voz alta. Pues debería, me contesta. No me da la gana, vuelvo a no decirle. Prefiero evitarlo, es lo que oye el galeno. Me gustaría decirle, pero me limito a pensar, que bastante jodida estoy ya como para chutarme un rosario de pirulas diarias, porque las pirulas son incompatibles con las cañas, que dicho sea de paso, es la mejor medicina que conozco; ésa, y la buena compañía. Que las rubias y las pirulas no se llevan bien y que a mí, mejorar, lo que se dice mejorar, lo que me mejora es un rato de jarana. Que se me quita el dolor por arte de magia, doctor. Pues usted verá, me suelta el tío. Me ha leído el pensamiento el muy jodido.
…Y me lo encuentro el viernes en una taberna. Él, su señora, anchoas de Santoña y Cruzcampo. Yo, maromo de 1’93, Pura López de doce centímetros -muy recomendables para ‘lo mío’ por los cojones- ventresca de atún y Alhambra. Lo miro, me mira (los pies). Nos reímos.
-¿Cómo está usted?
-Jodida, pero divina de la muerte, ¿o es que no lo ve usted?… no le digo, obvio.
-Roberta, los deportistas (¡¡gracias!! pero no es para tanto) estáis hechos de otra pasta. Vamos a intentar revertir su situación. Haga usted lo que crea conveniente siempre y cuando no le genere dolor. ¡Salud!
¡Pues salud!