Fer&Ferr

Fer&FerrLlevo años esperando este momento. Suspiraba por ver a Alonso embutido en su mono rojo, pilotando la máquina rossa. El piloto perfecto en el coche perfecto.
El resultado era previsible. Fernando voló en Bahrein.
No pude ver la carrera apoltronada en un sillón. Volaba en mi propia máquina hacia la tierra del flamante spónsor de Ferrari, qué casualidad. Veo el ‘humilde caserón’ del abuelo Botín desde el lugar en el que escribo estas líneas apresuradas. Esta circunstancia no impidió que hiciera parada, que no fonda, en un garito a pie de autovía. Me pedí un cervezón -iba de copiloto-, un plato de jamón, otro de queso y me enfrenté al plasma ilusionada. No fui la única. El bar de carretera se llenó hasta la bandera. Un padre de familia con sus cuatro hijos encaramados a otros tantos taburetes; un par de vejetes cachondos, una pareja triste que se tomó un respiro, unos moteros que casualmente pasaban por allí;el camarero cabreado porque no daba abasto… todos con la mirada fija en la pantalla. Y Fer salió disparado. Le dejó las cosas claras a Massa para que no haya malentendidos en el futuro y lo demás ya es historia: usar bien la cabeza y formar un tándem perfecto con la máquina que le corresponde. Volar. Volare, cantare, soñare…El resto de la carrera lo disfruté por la radio. Oír puede llegar a ser casi mejor que ver gracias al buen hacer de los grandes comunicadores.
Y ahora me largo a comerme unas anchoítas en Pedreña para celebrarlo.

6 comentarios

  1. Vaya mierda blog. Por pena dejo un comentario.

  2. Pues no vengas más, capull@.

  3. No os metais con esta buena mujer que podría ser vuestra madre!

    Dorotea, usted cuéntenos sus cosicas de cuando era joven y perdía las bragas por el campo. Diga usted que sí…aquellos eran otros tiempos pero que le quiten a usted lo bailao. Ay la abuelica…

  4. Humm, así que eres de la facción escolarina…
    Uno de esos desoficiad@s progres adicto a la tecla. Uno más.
    Bah, me sirves de cualquier forma. Aquí no viene ni cristo. Tengo las estadísticas bajo mínimos.
    Y más respeto que podría ser tu madre, soplapollas.

  5. Tsssssscht…abuela que se desmadra usted. Que si le gustan a usted las motos, pues que rebién. Que si perdió usted la honra debajo de un melocotonero en plena era franquista, pues qué rebién también, oiga. Pero no se nos enfade ni nos tire la garrota, caray. Cualquiera diría que aún se le suben los calores de la menopausia a la cabecica.

  6. Ya te digo hijo mío. Lo paso fatal.
    Qué alegría que me hagas compañía. ¿Quieres un colacaíto?

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