Archive for the ‘pajas mentales’ Category

Un día feliz
31 octubre, 2010

Febrero de 2010, en alguna parte

La abuela me regaló mi primer libro cuando tenía cinco o seis años. La pobre estaba empeñada en que me aficionara a las letras. Se titulaba ‘Un día feliz’. No recuerdo el autor; sí el argumento aunque muy difuminado por el paso del tiempo. Narraba la historia de una niña que se perdía en un parque japonés, se encontraba con un viejecito amabilísimo y pasaba un día ideal junto a él. Ignoro cómo llegó la niña hasta Japón. Supongo que los ingredientes de esta historia hoy hubieran conformado un panorama macabro. En la mochila de mi memoria todavía conservo una sensación: me fastidió que la niña regresara con su madre. Era el final correcto pero yo no quería que el día feliz ni el libro se acabaran.
El día feliz con el que me obsequió mi abuela me invita a establecer nexos impostados. Cualquier excusa es buena para embriagarme con el perfume la evasión.
El día de hoy, como tantos otros días, no ha sido precisamente feliz. Ha sido una jornada rutinaria, maratoniana, asquerosa y repugnante. Y aún continúa. Sin embargo, en lugar de completar el cuadrante de mis deberes he decidido perder el tiempo en escribir estas líneas a modo de desahogo.
Hace unos días, sin ir más lejos, podría hacer cuadrado un ‘día feliz’, pero si lo hubiera permitido carecería de razones para quejarme. Y eso sí que no. Si me hubiera limitado a disfrutar de aquella jornada con naturalidad me habrían embargado un manojo de prejuicios. Si lo razono desde un punto de vista objetivo fue un día feliz y punto, pero la realidad es que me entretuve en autosabotearme la jornada impidiendo que mis sentimientos fluyeran con naturalidad. En lugar de disfrutar del momento me centré en descontar los minutos a las horas y los segundos a los minutos. El resultado era previsible: el día siguiente fue aun peor que el anterior porque me jorobaba haber desperdiciado este último…

Moraleja: ni días felices ni deberes cumplidos.

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Una de arena
22 diciembre, 2009

Wallada:

“Juro por Dios que soy digna de alteza y nobleza
voy encaminada jactando, muy altiva mi cabeza.

Permito a mis amantes que toquen mi mejilla hecha liza,
y acepto los besos de quien desee probar mi belleza.”

( Poema que Wallada hizo bordar en oro sobre su vestido)

Nota: existen distintas traducciones de estos versos. He escogido ésta finalmente por la contradicción que existe entre una y otra afirmación.

Intento fallido de alegato lésbico-feminista
21 noviembre, 2009

Definitivamente, detesto a los hombres. Siempre he pensado que son el eslabón entre el mono y la mujer. Y digo que los detesto por muchas y muy variadas razones, tantas que soy incapaz de exponerlas con coherencia. Así que no estoy dispuesta a desentrañar un discurso impecable, bien argumentado, razonado y escrupulosamente documentado. No me da la gana. Detesto a los hombres porque los detesto. Mientras más mayor me hago menos me complacen y más me desagradan. Y a mí lo que me gusta es que me complazcan y punto. No le pido más a un maromo, sólo eso.
Exijo poco: calla, paga, sonríe y no mees fuera de la taza ni del tiesto. ¿Y el sexo? Cuando a mí me pete: poquito y del tradicional. No me gusta despeinarme ni que me suden. Puestos a elegir entre un buen rabo o una dosis de telebasura, me decanto por la segunda opción. Al fin y al cabo ambas actividades tienen en común la posible presencia de la manta como atrezzo.
A menudo pienso que la convivencia con una semejante sería mucho más cómoda que el amancebamiento con un individuo del sexo (presuntamente) dominante. Las chicas somos mejores compañeras de vida en general. Cari, qué cenamos. Cari, si vas al Mercadona tráete esto o lo otro. Cari, regálame ese libro… ¡que ya traes debajo del brazo! Cari, que limpia está la taza del inodoro. Cari, hoy no tengo ganas, hacemos palomitas y vemos Sálvame de Luxe. O le damos de comer a los patos. Seguro que Cari colabora o no colabora, pero no jode el invento ni pone cara de… no sé cómo describir esa expresión, la cuestión es que la detesto. No importa que se esfuercen e intenten manifestarse de manera positiva: ellos siempre fingen, especialmente cuando aparentan interés. No incurriré en el topicazo del sexo. Es tan sencillo como tirar de refranero: más vale pájaro en mano y tal y tal. O sea, si soy yo la que está en el catre como si es la vecina nonagenaria del sexto. Lo que esté más próximo y sea más cómodo: la cuestión es meterla en alguna oquedad calentita. Luego ya cada uno es libre de adornar la escena con metáforas y epítetos o no adornarla. Después, lo de siempre: a mear fuera del tiesto y de la taza.
Es frustrante que no me atraigan mis congéneres porque estoy convencida de que sería mucho más feliz, aunque también sudan y desgraciadamente carecen de excrecencias tuberosas localizadas en la entrepierna, que es la forma más esperpéntica que se me ha ocurrido esta mañana de sábado-sabadete para mentar la única cualidad destacable que adorna aquello que tanto detesto.
Y bla, bla, bla…

(Ilustro con una soberbia vista de Keanu Reeves de espaldas porque hay excepciones)

Inciso
12 noviembre, 2009

No sé si serán los efectos secundarios de una (presunta) gripe A o si se tratan de los primeros síntomas del climaterio, pero graves son las consecuencias en cualquier caso

Le encuentro un puntito sexy al canalla del Cachuli.

Sí, por eso mismo, por lo de canalla (con el añadido de los postizos dientes de ratoncillo). Los canallas son todos arrebatadores. La vida junto al canalla se nos antoja apasionada, con altos y bajos coronados de finales felices, de momentos tórridos, de lágrimas sofocadas entre arrullos, de… en fin. Los canallas es lo que tienen.
Ponga en su vida un canalla que él ya se ocupará de convertirse en un mártir.

Definitivamente, tiene que ser la gripe.

Moraleja: más vale insulso pacífico en mano que cien chulazos volando

Spinning
5 octubre, 2008

Hoy: competición con mi nuevo profesor de spining, un seudomoderno de provincias que pone música de un tal Hugo que estuvo en OT para estirar y entra en éxtasis sobre la marcha.
Estábamos pocos: cuatro amiguetes suyos, dos pilis acabadas y yor, la magnífica. Oigo cómo le dice la frase mágica a media voz a uno de sus colegas: hoy voy a dar poca caña, esta el nivel bajito y tal… Pedazos de gilipollas asfixiados que vienen a escupir los cubatas el sábado (yo tomo orujo blanco). Estos echan las tripas aquí por mis cojones marineros. Empieza la clase, resistencia alta, culo arriba (ahí no hay quien me funda), llega el negro cabrón -el que me soba a veces con la excusa de la postura- a tirarse el moco. Es otro monitor que anda por ahí. Me hace un gesto, tienes que subirla más (la resistencia) y se pone a trastear mi bici, tocarme el culo sería demasiado descarado en esta situación. Le cambia la cara, está muy alta. Le dedico una sonrisa de chula sobrada. Mira al otro monitor con cara de póker y empieza a “amenazarnos-me”. Nos pone a 130 revoluciones, pero yo voy a 150 y sobrada. Hostia, que se asfixia el tío. Se ha picado conmigo, justo lo que necesito para cargarme la carrillada, la japuta en adobo, los boquerones fritos, los huevos revueltos con papas y jamón y el tiramisú de anoche. ¡Qué rico todo! Amenaza con cuatro golpes de ocho tiempos seguidos a esa velocidad, pero no aguanta ni dios, salvo esta que lo cuenta, aunque noto que me da como un dolorcillo en el pecho… Que se jodan. Se bajan dos maromos y una maruja de sus bicis y el tío pregunta que si queremos más. Por mí vale, le digo feliz, así que me dedica una canción bakalaera a una velocidad de muerte con poca resistencia y el culo arriba. Como no me afecta, prueba con isométirco -a ver si me bajo- pero nada, yo sigo como una rosa. Finalmente se rinde, pincha al Hugo y me parece notar por sus movimientos que es maricón, pero por otra parte me ponen un poco cachonda un par de gestos que ha hecho. Será el sudor.
Lo he celebrado con media tableta de chocolate Valor.

Nota aclaratoria: no es falta de modestia ni vigorexia, pero soy como Perico Delgado

(Presuntos) errores
2 agosto, 2008

Lo que sucede después “de cagarla”, a pesar del pánico que evoca el “antes de”, no es para tanto. Una vez sumergido el sujeto en la desgracia, complicación o contratiempo -llámese como se llame la circunstancia adversa- se impone capear el temporal lo mejor que se pueda, porque es imposible saber qué va a suceder con posterioridad aunque se pueda intuir. No queda más remedio que enfrentar la situación con entereza, tratando de mantener la coherencia para no perder la razón. O eso, o dejarse llevar por la cultura del sufrimiento y despeñarse por el cerro de la autocompasión y el victimismo, que con frecuencia suele conducir a la hostia emocional.
Decía Confucio que cometer un error y no corregirlo es otro error. Pero la corrección de ese error podría convertirse en otro error mayor según la percepción de quien lo juzgue.
¿O acaso no existen ni los errores ni los aciertos?

Ilustro con la meliflua de Ofelia (imaginada por Jhon Everett Millais, concebida por Shakespeare en Hamlet), que acabó ahogándose en un lago por su carácter débil.