Archive for the ‘personal’ Category

Inner (II)
12 abril, 2010

El tiempo es un bálsamo poderoso que atenúa los sentimientos. Los desdibuja, los tamiza. Sólo quedan los recuerdos -los buenos recuerdos- los que se manifiestan con una sonrisa, con nostalgia y con ternura.
El sufrimiento palidece y el alma, aunque parezca un despropósito, se enriquece.

Un abrazo enorme.

Hollywood!
3 abril, 2010

Se acaba de ir.
Parapetada tras mi inalterable careta de fiera indómita he aguantado el tipo, le he deslizado medicinas para las cagaleras en la maleta y lo he amenazado por si no regresa a casa rico y triunfante.
Dos minutos después me han pillado fingiendo que ordenaba libros en otra habitación, llorando como una magdalena…
Y aquí sigo.
Cómo duele.

Dolor
2 noviembre, 2009

dolorEl dolor es una reacción de las terminaciones nerviosas que a la larga se traduce en sufrimiento. Lo que empieza como un síntoma o un aviso de que algo no anda bien, si se hace crónico, acaba transformándose en un sentimiento. Fastidia, joroba, jode, molesta y amarga el día a día de quien lo padece.
Ésta desgraciada amante y voraz practicante de la prodigiosa disciplina del deporte ninguneó un día un dolorcillo. Lo relegó a la categoría de achaque transitorio. Demasiados abdominales. Cosas de la edad. ¡Psche! ¡Bah!
Preguntando al extenso elenco de dolientes crónicos que pulula por mi ecosistema, pude constatar que a todo hijo de vecino le duele algo, lo que sea. Unos se resignan, otros se hacen abanderados de la causa del dolor: lo pregonan a los cuatro vientos y lo utilizan como arma arrojadiza (véase apartado familiares directos y/o indirectos). Los demás se medican para seguir en el tajo. En común tienen todos ellos el goce y disfrute de la tertulia literaria sobre sus padecimientos. Por último estamos los otros, los que ignoramos el martirio y no mentamos a la bicha, a ver si así se aburre y se espanta.
Pero no. Se queda, crece y se hace poderoso. Da un golpe de estado en la conciencia y de pronto uno deja de hacer las cosas que antes hacía. A saber: las rebajas, la pelu o incluso ir al estanco. Te das cuenta de que empiezas a tocar fondo cuando la indiferencia manifiesta su presencia ante el planteamiento de un fin de semana en el Byblos, por poner un ejemplo sencillo.
Con el tiempo hay que tragar. Se llega a la conclusión de que hay que pasar por el taller de chapa y pintura. Descubres que el asunto es serio y empieza una letanía interminable de sermones, consejos y peregrinaciones varias.
Uno de mis usureros, perdón he querido decir curandero, me hace levantar la pierna hasta que consigo chuparme la rodilla y me la coloco tras la oreja; me doblo sobre mí misma como una alcayata perfecta, hacia delante, hacia atrás. ¡No, hacia atrás no, que duele mucho! Bato el récord de salto a la pata coja alrededor del perímetro de su consulta sobre la pierna izquierda; después pulverizo mi propio récord con la derecha. -¿Y el dolor? -Pues oiga, ahí, ahí, pero eso no impide que… Por fin alguien le muestra la prueba del delito. Para mi desdicha, la puta resonancia canta por peteneras. ¿Pero cómo puede usted…? Y le cuenta al residente -para no quedar mal- que los amantes del deporte somos difíciles de diagnosticar porque despistamos. Me recomienda ingerir porquerías para paliar mi sufrimiento. –Oiga, que no quiero acabar como (mi llorado) Michael Jackson, no le digo para que no me tome por el pito de un sereno. No quiero medicarme, resuelvo comentar en voz alta. Pues debería, me contesta. No me da la gana, vuelvo a no decirle. Prefiero evitarlo, es lo que oye el galeno. Me gustaría decirle, pero me limito a pensar, que bastante jodida estoy ya como para chutarme un rosario de pirulas diarias, porque las pirulas son incompatibles con las cañas, que dicho sea de paso, es la mejor medicina que conozco; ésa, y la buena compañía. Que las rubias y las pirulas no se llevan bien y que a mí, mejorar, lo que se dice mejorar, lo que me mejora es un rato de jarana. Que se me quita el dolor por arte de magia, doctor. Pues usted verá, me suelta el tío. Me ha leído el pensamiento el muy jodido.
…Y me lo encuentro el viernes en una taberna. Él, su señora, anchoas de Santoña y Cruzcampo. Yo, maromo de 1’93, Pura López de doce centímetros -muy recomendables para ‘lo mío’ por los cojones- ventresca de atún y Alhambra. Lo miro, me mira (los pies). Nos reímos.
-¿Cómo está usted?
-Jodida, pero divina de la muerte, ¿o es que no lo ve usted?… no le digo, obvio.
-Roberta, los deportistas (¡¡gracias!! pero no es para tanto) estáis hechos de otra pasta. Vamos a intentar revertir su situación. Haga usted lo que crea conveniente siempre y cuando no le genere dolor. ¡Salud!
¡Pues salud!

El pedazo de polla (con perdón) de Michael Jackson
16 julio, 2009

(This is it. Ya nos lo fabrican así)1

paquete MJ copiaA mí Michael Jackson me ponía cachonda.
Adoraba sus coplas, se me iban -se me van- las piernas cada vez que las escucho. Pero verlo… ¡ahhh! verlo en acción era ya el summun, un delirio para los sentidos. Recuerdo que mi padre, un señor fascineroso y serio pero bueno, bueno de verdad, no entendía mi fascinación por él. Mi cuarto empapelado con imágenes del aquel “negromariquitarraro” fue una de su preocupaciones hasta que vio Thriller con sus propios ojos y sentenció: es un gran artista, Roberta. Tengo que reconocer que canta y baila estupendamente aunque se pinte más que tu madre. Naturalmente nunca aprobó su estilismo, pero se rindió ante su genialidad. Por aquella época estaba también en pleno esplendor George Michael y aquello sí que hubiera sido preocupante. Ése sí que ha sido una maricona de las grandes.
Asumido el motivo de mi diabólica posesión, mi padre me quiso dar una sorpresa y se plantó en el corteinglés . Yo no tenía liquidez, más o menos como ahora, pero con el agravante de que en aquellos años era impúber y ahora tengo pelos en el… Vaya, que me voy por los cerros de Úbeda. Decía que mi padre pidió al vendedor de la sección de música el disco del “negromariquitarraroquesepintalosojos” y se presentó en casa con ¡Purple Rain!. Un detallazo, sin duda, aunque yo lo hubiera matado, qué desagravio (pedazo de disco, por cierto, al final tuve que rendirme ante la evidencia. Prince es otro genio: más pequeñito, más modesto, malhumorado pero genio al fin y al cabo.)
Trascurrió el tiempo. Me fui haciendo mayor. Descubrí el amor normal y corriente en la playa, porque el amor de verdad era el otro, el que yo sentía por mi ídolo. Mientras me convertía en un proyecto de mujer que cambiaba sus infructuosos suspiros por un torbellino de desilusiones, mi adorado evolucionaba al compás de su ritmo: de negro a blanco (vitíligo contrastado), de narizota divina a naricilla cómica (para conseguir más agudos); besaba a una guarra en un vídeo sin mi autorización (y yo me revolcaba con un francés por la arena). Etc, etc. Me fui integrando plácidamente en la subhumanidad mientras él ascendía al Olimpo de la excentricidad arrastrado por su torrente de excelencia. Esclavo del ritmo, víctima de la fama. Definitivamente el hombre no está hecho para ser adorado.
Me pasé por el forro las acusaciones de pederastia. Menuda gilipollez. Pero lo que jamás le perdonaría fue aquel matrimonio con Lisa Marie. Ya que me ponía los cuernos lo que le tenía que haber hecho es un bombo. Traer el mundo un nieto de Elvis hijo de Michael Jackson hubiera sido la leche. Para mi desdicha, no contento con aquello, repitió la hazaña con una enfermera gorda, zafia y horrorosa con aspecto de nodriza. Cero glamour. Y encima se reprodujo con ella.
Aparqué a Michael y continué con mi vida, aunque él siempre fue propietario de una parcela en mi inconsciente. Cuando llegó la parte más polémica y oscura de su vida, no me importó demasiado. Ya tenía asumido que era un genio de la música. Y punto.
Pero empecé diciendo que me ponía cachonda. Huelga decir que este no es un sentimiento nada platónico, pero es que babeaba -¡y aún babeo!- cuando agitaba esas manazas suyas con esos dedos tan largos; esa forma de convulsionarse, de menearse, de desafiar las leyes de la gravedad. Y el ritmo, el ritmo de su cuerpo ligero como una pluma. Y los gestos, la forma de modular la voz, los giros vertiginosos, los saltos, los desplantes, el movimiento diabólico de sus caderas: la magia que el verdadero artista derrocha sobre el escenario. Sumo sacerdote de la escena, dios del compás, hipnotizador de masas, ilusionista que secuestra la cordura de quien sabe apreciar la belleza; gracia, genio e ingenio, pero por encima de todo, TALENTO y, y, y…
…y el pedazo de polla que tenía Michael Jackson.

Con dos cojones, Michael.

Thanks For all , Jacko
26 junio, 2009

New York, New York…
1 marzo, 2009

perrito-en-el-madisonNo es la primera vez que arrastro mis pies sobre el asfalto neoyorquino y tampoco será la última, a pesar de que caminar por Manhattan con tacones durante cuatro días supone un serio riesgo de amputación para las extremidades inferiores. Cierto es que las aborígenes se permiten el lujo de imitar a Paris Hilton, pero ellas se limitan a recorrer la distancia que separa las casas de sus amantes de Juicy Couture en Aston Martin, por lo tanto el paseíllo se ve reducido a la bajada del coche y a la entrada apoteósica en el comercio de moda y viceversa.
Y he aquí a esta españolita valiente dispuesta a emular a las señoritas que salen en las revistas, sin Aston Martin, sin amante y con unos tacones de infarto. Porque yo llegué a NY y lo primero que hice fue cambiarme de zapatos (botas por botines chúpamelapunta y taconazo), calarme un gorro de zorro plateado hasta las orejas y salir pitando hacia el Madison Square Garden. Para ello tuve que atravesar Time Square y bajar por la séptima hasta llegar a la treinta y tres. El partido: New York Knicks vs Toronto Raptors, una desgracia, pues Calderón fue masacrado por un negro enano con unas cualidades sobrenaturales para el basket, aunque fue agradable comprobar el respeto y el cariño que los yankis profesan a nuestro compatriota. Por desgracia no vendían suvenires de los Toronto, así que nos vimos abocados a comprar el típico guante y el gorro de los Knicks como recuerdo friki. La estampa resultaba francamente bizarra: entre el público había una fila de desalmados tragaperritos compulsivos disfrazados con los colores de los “locales” que no paraban de animar al equipo contrario, especialmente a Calderón, nobleza obliga. Pero hete aquí que el jet-lag se cebó con nosotros. Y empezaron a caer como chinches. Primero se durmió uno, luego otro y así sucesivamente. Quedamos tres en pie. La situación se tornó un tanto trágica: una fila de españolitos junto a un negro, perdón, he querido decir un afroamericano con su hijo, ambos alucinados; un asiento cargado de abrigos, gorros, bufandas y guantes, dos más repletos de cajas con restos de hamburguesas, perritos, pollo frito y jarras de cerveza vacías; tres tíos sobando abrazados al guante naranja, con sus respectivos gorros de los Knicks muy bien puestos; y otros tres individuos disfrazados de la misma guisa haciendo fotos a todo lo que se meneaba mientras animábamos al equipo contrario. Nos levantamos en el último cuarto, ya que uno de los durmientes abrió un ojo y arguyó la excusa intolerable de la marabunta humana a la hora de la salida. Pero aquello no era el Nou Camp precisamente, ni tampoco la Maestranza tras una corrida de José Tomas: había taxis por un tubo. NY es una ciudad civilizada, los ancianitos y las viudas resabiadas no tienen la costumbre de hacer la zancadilla en la cola de la parada de taxis…

Tu bi continued (or not)

Cuando yo era chica…
6 febrero, 2009

aparecidoCuando era chica -porque yo era chica y no pequeña- mi madre me comparaba con las urracas. Sustraía cualquier objeto que brillara y lo escondía. Solía encerrarme en el cuarto de baño para pasar horas entretenida admirando los destellos de mis tesoros. Una vez me gané una buena reprimenda, ya que se me fue por el desagüe del lavabo un “tu y yo” muy valioso (un zafiro y un brillante montados en oro amarillo). Fue entonces cuando me juré a mí misma, como Escarlata, que jamás pondría en peligro otra joya. Y opté por el strass como alternativa más económica para satisfacer mi lujuria.

Cuando dejé de ser “chica” empecé a invertir en mis propios tesoros; no por ambición, sino por pasión. Pero bajé la guardia de nuevo y un buen día, mientras me acicalaba frente al espejo, un pendiente -cinco brillantes que sumaban un total de 1 kilate rematados por una perla australiana de 16 mms- se suicidó delante de mis narices. Acabó despeñándose por la garganta de mi principal enemigo, el desagüe del lavabo. Lloré como una magdalena y volví a jurar en arameo. A dios pongo por testigo que las joyas y los lavabos son incompatibles.

Mis tesoros no son objetos inanimados, tienen vida porque yo he querido que la tengan. Cada uno de ellos se corresponde con un momento puntual de mi vida, triste o alegre. Soy supersticiosa, les atribuyo poderes mágicos y estoy convencida de que no puedo prescindir de algunos de ellos, especialmente de este solitario porque me lo gané tras una batalla muy dura. Necesito mirarlo cien veces cada día, me tranquiliza y mi amor hacia él es correspondido con mil destellos.
HA APARECIDO.
Estaba cuidadosamente escondido en un pequeño hueco entre los libros y el despertador, sobre la mesita de noche. He dado trechas sobre la cama, me he reído como una histérica, he gritado de alegría.
Tal vez algún día me lo roben, pero sería imperdonable que yo cometiera el error de descuidarlo.

Réquiem por mi sortija favorita
5 febrero, 2009

sortijaLa llevaba siempre puesta. Siempre. Un brillante de 0,76 kilates de color algo amarillento, sin incrustaciones. Mi compañera del alma, mi joya más preciada, la que me regalaba cientos, miles de destellos.
La compré para desquitarme del impago de una sinvergüenza de cuyo nombre no quiero acordarme. Finalmente la emplumé tras un año de litigios. El dinero que recuperé tras la contienda fue empleado en la adquisición de una joya ‘importante’, un emblema, una especie de símbolo. Cada vez que la mirara recordaría que no perdí el tiempo. Era mi recompensa tras una cadena de sinsabores inmerecidos.
Pero también he sido consciente de que mi conducta temeraria acabaría acarreándome problemas. Esto podía suceder y sucedió: esta mañana no estaba donde yo la dejé… donde yo creía que la había dejado. Un viaje largo y una tarde de farra han contribuido a la desgracia. He “desandado” minuto a minuto cada paso, cada gesto, cada movimiento desde el momento en que abrazó por última vez mi dedo, pero me faltan secuencias. No acierto a comprender cómo ha podido pasarme a mí algo así. ¡Si yo la tenía sometida a una vigilancia constante desde la atalaya de mi pescuezo! Ayer pude haberla mirado cincuenta veces a lo largo de toda la jornada. A ella y a su “hermana pequeña”, una nueva adquisición pre-navideña con fines terapeúticos.
Ya no está conmigo. ¿Dónde habrá ido a parar? ¿Quién habrá horadado la circunferencia plateada que ha abrazado durante tantos años mi dedo corazón?
Adiós preciosa. Otra ocupará tu lugar, probablemente más grande y más pura, pero nunca será lo mismo.
Yo maldigo a la desgraciada que ose violar tu circunferencia. La maldigo y a dios le pido que los destellos por los que tanto batallé la condenen a la ceguera.
Choriza, se devuelve lo que no es de uno.
Coño.

pd.: Sospecho que se ha caído por el desagüe del lavabo. He metido la mano hasta el codo en el sumidero del cuarto de baño. El sacrificio de exponerme a los efluvios propios de la estancia no me ha devuelto la recompensa deseada. El premio: una maraña repugnante de pelos y cinco arcadas.

Egipto
6 enero, 2009

efigie1
Y esta imagen la he tomado yo
:))