Madre por encima de todo
2 mayo, 2008

“Por favor ayúdenla, se está mordiendo la lengua y los labios. Ella nunca ha estado antes en un hospital. Le aterroriza la gente. Si tienen dudas, pregunten a mi padre, es la única persona a la que Kerstin conoce”

El señor Fritzl, afortunadamente, ya chochea. Elisabeth Fritzl deslizó una carta en el bolsillo del pantalón de su hija mayor. Había escrito otra más para justificar su ausencia a petición de su captor, pero el monstruo, viejo, cansado y tal vez nervioso, esta vez se descuidó. Así es como el personal del hospital de Amstetten sospechó que ocurría algo extraño.
A pesar del horror de su encierro, intuyo que esta madre ha conseguido sobrevivir veinticuatro años bajo tierra sometida a los abusos y torturas procurados por su padre gracias a la existencia de sus hijos. La esperanza de sacarlos de allí ha sido un revulsivo, un sentimiento poderoso que la ha mantenido viva y lo suficientemente cuerda para reaccionar ante la única oportunidad que ha tenido para terminar con la macabra tortura que ha compartido con tres de sus hijos.
El domingo es el día de la madre en España. Va por ella, por Elisabeth, que tiene la posibilidad de rehacer -en la medida de lo posible- su vida.

La vida sigue
30 abril, 2008

Natascha Kampusch y Elisabeth Fritzl crean un dúo musical y se van a hacer las américas. El resto de los parientes, hijos, hijos-nietos, vecinos, cuñados, concuñados, compadres, peluqueros etc. etc. de ambas familias, se dedican a escribir libros, dar conferencias e intervenir en programas de televisión de máxima audiencia previo pago. El pequeño ex-rehén de cinco años, crece alegre y feliz mientras disfruta de los rayos de sol y de las caricias del viento. Menos da una piedra.

pd.:Excelente artículo de Alberto Fernández Liria en el País. Es presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Lo comparto íntegramente y es la verdadera razón de esta entrada surrealista.

¿Ratas? No, señora, son sus nietos
28 abril, 2008

Josef Fritzl ha tenido a su hija Elizabeth encerrada la friolera de veintitantos años en el sótano de su casa. El pasatiempo del (degenerado) abuelo Josef consistía en hacerle barrigas a su niña en la mazmorra-búnker que se había construido debajo de la vivienda. Durante estos años le ha hecho seis barrigas, seis; siete hijos-nietos en total, uno de ellos muerto, quemado y enterrado en el jardín por su padre-abuelo. Parece ser que tres jamás han visto la luz. Los otros fueron “abandonados” en la puerta de la casa, acogidos y criados por la abuela, el tío y el propio padre-abuelo de los niños. No puedo creer que la señora Fritz no sospechara nada. Es imposible vivir con tanto jaleo bajo los pies sin inmutarse.
-¿Ratas? No señora, no, eran sus nietos dándose cabezazos contra las paredes.
Monstruoso.
La ficción a veces es un ensayo melifluo de la realidad.

¿Pero qué demonios pasa en Austria?