Antitaurinos
22 octubre, 2009

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Tuve la gran oportunidad de asistir a la última corrida de José Tomás en Barcelona (cortesía una guacamaya de lujo). Junto al maestro compartió cartel Morante, que se lesionó la mano al matar el primero, y un resacoso Julito Aparicio envuelto, me temo, entre efluvios de Ballantines, por mentar una sustancia legal. Aprovecho para pedir encarecidamente la intervención del barbero de Morante. Todavía no he resuelto el enigma del exceso de sus patillas.
También asistí a la del sábado. Corridón. El Juli, siempre correcto, no suele defraudar; Cayetano, un poco menos, pero se lo perdonamos casi todo por su apostura, y un sobradísimo Manzanares que se salió del parchís. El mejor de la terna sin ninguna duda. Sublime. Exquisito.
Me hacía una ilusión tremenda desvirgar la Monumental de Barcelona. Llevaba casco y escudo antibalas en el equipaje pues me había hecho eco de la mala prensa que tiene la fiesta en Cataluña. Cuando llegué a la plaza me encontré con las fuerzas del orden desplegadas alrededor de todo el perímetro del coso. Grupúsculos de violentos exaltados antitaurinos, algunos de ellos empapados en sangre de los chinos, protestaban enérgicamente para defender la noble ‘causa’. Pero la peña torera, que era numerosísima, no estaba por la labor de dejarse amedrentar. Simplemente, los ignorábamos. El ambiente era precioso. Señores con sus puros (¡otro vicio tardofranquista!), señoras encopetadas -peor puestas que en el sur, pero ya se sabe: el espíritu pragmático catalán, hay que valorar la intención- los copazos previos, saludos, abrazos, sonrisas en los accesos… Y el domingo, lleno hasta la bandera.
En la entrada tuve la suerte de encontrarme con el personal de mi restaurante barcelonés favorito. Para mi regocijo, estaban casi todos. Nos deseamos una buena tarde y padentro a disfrutar. Los volví a saludar el lunes por la noche en circunstancias inmejorables.
A la salida no tuvimos la precaución de evitar a los violentos. Evitarlos es una práctica normal entre los aborígenes catalanes, que parecen abocados a padecer su afición en silencio, como las almorranas.
¡Ay! pero qué pedazo de españolazos están hechos los catalanes. El españolito se caracteriza desde tiempos inmemoriales por avergonzarse de eso mismo, de ser españolito. Todo lo bueno, viene de ‘ahí fuera‘, que para eso están más adelantados y son más modernos. Para colmo el catalán comparte frontera con la refinada Francia. Comprendo que es una tentación enorme eso de refinarse pero esta pobre y provinciana escribidora, fumadora, pepera y taurina, opta por decantarse por nuestra atávica y particular nobleza baturra.
Vaya, se me fue el santo al cielo. Retomo el asunto.
No esquivamos a los antitaurinos. Fue cuestión de centímetros -ocupados por los cuerpos de los mossos- que no recibiéramos una buena tunda. Se conformaron con gritarnos una retahíla impresionante de improperios de los que fui la principal destinataria. Entono el mea culpa ya que me puse el uniforme de mujer coqueta arreglada para la ocasión: alguna lentejuela de más, tacones, flor en el pelo, exhibición descarada de morenío del rancio y melena quasi pantojil al viento. Mis homólogas antitaurinas parecen optar por la cosa del reciclaje y/o el ecologismo y prefieren ir disfrazadas de boy scouts, me pareció observar por el rabillo del ojo izquierdo mientras les dedicaba una peineta antológica…
Tengo la impresión de que desconocen el arte de la aplicación de la máscara de pestañas. Naturalmente, estoy convencida de que no se depilan los sobacos, costumbres todas, ojo, que no censuro, pero tampoco practico. Será esa la razón para que mis congéneres tengan tiempo para dedicarse a rebuznar e increpar de manera tan violenta a los aficionados al arte de Cuchares. Yo no tengo tiempo. Y si por casualidad me sobrara, lo emplearía en cuestiones más profundas como el relleno de radicales libres -los míos, obvio- con ácido hialurónico…
En definitiva, lo que quiero decir, es que gracias a la labor impagable -que diría Letizia- de José Tomás y a la vergonzosa y violenta campaña gestada por los antitaurinos extremos, la fiesta, los toros, la lidia goza de mejor salud que nunca. La afición no permanece ajena y reacciona.
Algunos, como yo, han instaurado una nueva costumbre entre sus rutinas: peregrinar una vez al año a la Monumental para disfrutar de una buena tarde torera. Y para hacer una peineta si tercia…

No quiero terminar de redactar esta entrada sin dejar claras algunas cuestiones:
-Soy catalanofílica.
-Adoro Barcelona.
-Prefiero la cocina catalana a la vasca (¡ahí es nada!). Sobra decir que una cocina no excluye a la otra y que el gazpacho está por encima de todo.

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Yo me llamo Josep Lluís aquí y en la China
17 octubre, 2007

scarodcorona200505.jpg¡Pues claro que sí!
Los hijos de la cuñada de una prima hermana de una vecina, que fue al bautizo del último en incorporarse a la familia -un bebé rollizo y remoreno coronado por una mata de pelo negro como el azabache- se llaman Jhonatan y Britney (García Fernández). Al neófito le han puesto Telesforo, como su tío abuelo y padrino, de quien se dice que es un hombre muy generoso. El carnicero del supermercado ha decidido llamar a la suya María Elizabeth (Palomares).
El pescadero, que es más conservador, se ha decantado por los siempre finos y elegantes Alejandro y Marta (Pérez). Mi abuela se llamaba Bernarda, como la del coño. A mucha honra y que dios la tenga en su gloria a esa santa, porque era una santa. Y luego está Amor. Y Felipe Juan Froilán de todos los Santos.
Claro que sí: aquí , en China y en Valladolid, don Yosef Lluís. Faltaría más. No se sofoque usted por semejante nadería.