El nulo encanto de la progresía
1 marzo, 2008

bandurria-rajoy.jpgParafraseo la gran película de Luis Buñuel para hacer hincapié en el surrealismo que preside la campaña electoral. Y lo llamo surrealismo por pura cortesía, porque las últimas intervenciones de los líderes casposos de otros tiempos han sido bochornosas, impropias de hombres de estado que parecen haber mutado en lavanderas.
En Málaga, el gran Felipe se despachó al ritmo de una sarta de insultos a pelo, sin anestesia, dedicados al nulo aspirante a poeta, el de la niña que ha hecho historia. Además de sus descalificaciones, González ha incorporado a su lenguaje una serie de circunloquios panfleteros a modo de chascarrillos. Su público los celebró con algarabía mientras que el cadáver de Lázaro Carreter sufría retortijones a título póstumo. El diseñador de bisutería en exclusiva para Elena Benarroch y eterno coleccionista de bonsáis, todavía no se ha percatado de que el perfil del elector ha variado desde aquellos tiempos en los que lucía su chaqueta de pana en la “bodeguilla” e ignora que aquí ya no se acepta la jeta como argumento electoral.
En la otra punta de España, la otra lagarterana progre hacia lo propio con su característica voz de pito. Guerra se despachaba como sólo él sabe hacerlo, que si la niña parriba, que si la niña pabajo,que si la manteca colorá y lo que hiciera falta con tal de provocar la risa fácil de las alcahuetas de turno para que se acerquen el nueve de marzo a las urnas con la papeleta correcta -la del cachondeo- en el bolso. Arrancó carcajadas gloriosas al respetable que parece encantado con el espectáculo.

Mientras tanto, el aspirante, el poeta frustrado, el cursi de la puñetera niña, tocaba la bandurria tranquilamente, ajeno a las pasiones que despierta su nefasto intento de ternura. Yo me conformo con que la niña traiga un pan bien gordo bajo del brazo… o a Mariano de la mano.

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