Catetos pero no tontos
11 abril, 2010

Hay mil formas de disfrutar. Tradicionalmente, se suelen asociar el folgar o el buen yantar al placer pero yo soy una esteta y a las mencionadas he de añadir otras fuentes de gozo: el oído y la vista, que pueden ir asociadas o no a las anteriores.
Válgame el conato de disquisición como introducción para dar pie a la narración de la experiencia extrasensorial que experimenté hace unos días.
Me fui de compras a Puerto Banús, como los buenos catetos de antaño. En el manual apócrifo del provinciano imperan algunas normas elementales a la hora de visitar este destino. A saber:
-Hay que ir en festivo y a ser posible acompañados por la familia.
-Hay que arreglarse como si de un domingo de Ramos se tratara.
-Hay paradas obligatorias frente a los escaparates de Vuitton, Armani, Versace y CIA.
-Hay que mirar con respeto acomplejado al gorila de la puerta de los establecimientos anteriormente mencionados. El ciudadano medio no tiene cojones de entrar a ninguno de los establecimientos citados porque el vendedor o la vendedora que se adivina tras las lunas de cristal tiene aspecto de recién salido del Hola, ergo para qué profanar cualquier prenda con nuestras manos sudadas y plebeyas, sepa dios lo que pone en las etiquetas.
-Hay que mirar en las terrazas por si está Julio Iglesias Julián Muñoz echándose una cañita.
-Hay que mirar y admirar los cochazos.
-Y hay que hacerse fotos junto a ellos con cara de soy un pringao y encima lo inmortalizo.
Pero no queremos parecer catetos ¿verdad que no?
Así que pedí a mis acompañantes que hicieran el favor de fingir indiferencia ante los Bentleys, los Ferraris y los Porsches que se pavoneaban por el muelle:

En verdad os digo que eso es de pobres. Fingid normalidad como si vuestro culo plebeyo estuviera acostumbrado a ser cobijado por esos habitáculos. So porrinos, que eso es lo que sois. Disimulad, que a los pobres y a los catetos no los quiere nadie. Sólo tienen utilidad en la práctica para los políticos: un porrino, un voto. Hale, ya podemos seguir buscando el todo a 1€ que debe de haber uno por aquí escondido y seguro que venden camisetas a cincuenta céntimos con la cara del difunto Alfonso de Hohenlohe Espartaco Santoni serigrafiada…”

Dicho y hecho. Nos aplicamos a ello con devoción mariana.
Caminamos por allí erguidos, muy dignos, hasta llegar a la altura de Casa Antonio. Nos debatíamos entre tirarnos el farol de comer en la terraza (¿y los tupper, coño, es que nadie ha traído tupper?) o bien largarnos con viento fresco a una pizzería de Torremolinos.
Y entonces un rugido celestial se apoderó de mi estómago.
Giré la cabeza instintivamente buscando el origen de aquel bramido delicioso. Dios bendiga a Horacio Pagani. Se deslizaba lenta, suavemente al compás de sus doce cilindros en V. Un rayo de sol me devolvió el reflejo de su majestuosa carrocería. ¡Milagro, milagro! Creí que nunca conseguiría ver uno. Paralizada ante aquel espejismo me mantuve inmóvil, cuadrada como un legionario ante el Cristo de la Buena Muerte para disfrutar de la visión de algo más de un millón y medio de euros en movimiento.
Pero no era yo la única. El silencio invadió el muelle Ribera. Un sentimiento colectivo de envidia y admiración se apoderó del ambiente. Salvo el conductor y la copiloto, los demás éramos penitentes en aquella procesión pagana. Además estábamos en semana santa. Ya me disponía a cantarle una saeta a aquella excelencia de la imaginería italiana cuando uno de mis acompañantes me susurró al oído:
-Roberta, ¿no decías que no nos quedáramos mirando con la boca abierta como los porrinos?
-Calla, porrino. Y haz al favor de llamar a Pepe que ha ido al baño y se lo está perdiendo.
A mi lado estaba Antonio, dueño del conocido restaurante que lleva su nombre, un hombre curtido sin lugar a dudas en las estampas costumbristas de Puerto Banús. También él disfrutaba del acontecimiento. Él, sus empleados y todos los comensales de su establecimiento. Y los niños que paseaban con sus padres. Y los ‘securatas’ y los gorilas. Y los vendedores de las tiendas. Y las rubias oxigenadas. Hasta al fantasma de José Banús Jesús Gil se apareció por allí.
Y el Pagani Zonda se alejó dejándonos grabada en la memoria la imagen de su culo imponente
Antonio nos dedicó una sonrisa compasiva así que decidimos quedarnos allí a hartarnos de gambas. Paramos el mundo un instante porque nos podíamos permitir soñar. Qué coño. Qué buenas estaban las gambas.

pd.:

Fer&Ferr
15 marzo, 2010

Fer&FerrLlevo años esperando este momento. Suspiraba por ver a Alonso embutido en su mono rojo, pilotando la máquina rossa. El piloto perfecto en el coche perfecto.
El resultado era previsible. Fernando voló en Bahrein.
No pude ver la carrera apoltronada en un sillón. Volaba en mi propia máquina hacia la tierra del flamante spónsor de Ferrari, qué casualidad. Veo el ‘humilde caserón’ del abuelo Botín desde el lugar en el que escribo estas líneas apresuradas. Esta circunstancia no impidió que hiciera parada, que no fonda, en un garito a pie de autovía. Me pedí un cervezón -iba de copiloto-, un plato de jamón, otro de queso y me enfrenté al plasma ilusionada. No fui la única. El bar de carretera se llenó hasta la bandera. Un padre de familia con sus cuatro hijos encaramados a otros tantos taburetes; un par de vejetes cachondos, una pareja triste que se tomó un respiro, unos moteros que casualmente pasaban por allí;el camarero cabreado porque no daba abasto… todos con la mirada fija en la pantalla. Y Fer salió disparado. Le dejó las cosas claras a Massa para que no haya malentendidos en el futuro y lo demás ya es historia: usar bien la cabeza y formar un tándem perfecto con la máquina que le corresponde. Volar. Volare, cantare, soñare…El resto de la carrera lo disfruté por la radio. Oír puede llegar a ser casi mejor que ver gracias al buen hacer de los grandes comunicadores.
Y ahora me largo a comerme unas anchoítas en Pedreña para celebrarlo.

Fernando Alonso, el hijo pródigo
2 noviembre, 2007

222px-fernando_alonso_2006_malaysia.jpgMcLaren Mercedes ha decidido largar a Alonso y apostar por el negrito Hamilton, que para eso es británico y lo han criado ellos. Ron Dennis tiene que amortizar la inversión que ha hecho en educarlo para quemar ruedas sobre el asfalto. Lástima que entre todas las disciplinas aprendidas Lewisito no haya adquirido también el adorno de la humildad.
El caso es que nuestro adusto Fernando se queda libre como una palomita. ‘Novias’ tiene muchas, naturalmente, pero esta humilde internauta desearía que el asturiano emulara una de las parábolas más conocidas de la biblia y regresara
-cual hijo pródigo– a Renault junto al histriónico Flavio Briatore… hasta que Ferrari haga lo que debe. Si ganó dos veces el mundial con una mierda de coche, no veo por qué no puede volver a repetir la gesta.

Mientras tanto, me gustaría disfrutar de nuevo del extraordinario espectáculo de la ‘marea azul’.

Alonso: dulce derrota
22 octubre, 2007

344px-ferrari-logosvg.pngEn una ocasión un buen amigo del que estaba enamorada, aunque eso no venga a cuento ahora, me preguntó qué era más importante para mí: si la victoria del “amigo” o la derrota del rival. Mi respuesta fue instantánea y rotunda: opté por la derrota del rival. Conviene aclarar que nuestra conversación giraba en torno a la liga de fútbol española y que ambos consideramos nuestro enemigo natural al FC Barcelona.

Era difícil que se produjera el milagro. Fernandito Alonso no ha podido revalidar su título, pero el destino nos ha regalado otro milagrito inesperado y los Hamilton (es imposible ignorar al mediático e insoportable padre del piloto) se han dado con un canto en sus blancos dientes relucientes.
Por otra parte, y a pesar de no ser precisamente monárquica, me declaro admiradora incondicional, devota y amante de la escudería Ferrari. Il Cavallino adorna la pantalla de mi pecé, mi portátil, mi teléfono móvil, mis zapatillas de running (Puma), casi toda mi ropa de deporte y mi corazón. Como la mayoría de los amantes de la F1 sueño con que se produzca otro milagrito más y llegue el día en que por fin Alonso conduzca su monoplaza rojo, como dios manda.