Todavía no toca, maestro
25 abril, 2010

A España se le ha congelado el bostezo esta mañana. Hemos desayunado café con salpicaduras de sangre del maestro de Galapagar porque un toro le ha partido las venas. El trapío del quinto de la tarde se convirtió en traición al tercer aviso. Uno, dos y se lo llevó por delante. A chorros le salía la sangre por la ingle izquierda y en volandas se lo llevaron. Tarde o temprano la borrachera de arte y coraje a la que nos tiene acostumbrados tenía que desembocar en una resaca feroz con forma de hemorragia virulenta. El hombre mutado en leyenda ha resucitado la fiesta con sus locuras cargadas de insolente belleza, pero parece decidido a obsequiarnos con una muerte épica de ésas que recitan los juglares en negrita y cursiva, de ésas que presiden las cabeceras de los rotativos con grandes titulares y abren los informativos en las radios y las televisiones.

Pero no era su hora.

En Aguascalientes se arremangaron los puños de las camisas para reponer el caudal de vida de las venas cada vez más secas del diestro. Decenas de aficionados corrieron a la enfermería donde lo operaban en carne viva, a pelo y sin anestesia. No daba tiempo, se le vaciaba el cuerpo a borbotones y su vida pendía del temple de los que le cerraban las carnes y de los brazos de sus incondicionales.
No era su hora, no, pero todavía nos tiene que dar muchos disgustos aunque siempre nos haya recompensado con la intensidad de su entrega.

Anuncios