Inner
18 febrero, 2009

El pendejo electrónicoTranscurría la… ¿primavera o era invierno? de 2006. Entonces yo no era tan vaga y aún mantenía cierto interés por lo que se cocía en unos u otros sitios. Por aquellos tiempos yo permanecía fiel al blog del Ezcritor en 20 minutos (actualmente podemos disfrutar de su histrionismo delicioso aquí). Se convocó un nuevo certamen de blogs en el diario que dirige Arsenio Escolar y yo me tomé la molestia de curiosear entre los candidatos que se postulaban en el apartado de “sexo”, cómo no. Los otros apartados se limitaban a reflejar la hoguera de vanidades en que se ha convertido la blogsfera, por lo tanto, no despertaban mi interés antropológico. Je.
Fue así como tropecé con el Pendejo Electrónico.
Inner, el Pendejo Electrónico, es una bitácora polivalente que nos puede sorprender con imágenes escandalosas de tetas, culos y pulpos como protagonistas, o bien, deleitarnos con artículos relacionados con el arte o la arquitectura entre otros muchos contenidos. Esta “polivalencia” es la característica que me ancló a sus, ora disparates, ora guarrerías intolerables. Yo, que soy de naturaleza infiel -virtualmente hablando, porque el Hola lo compro todas las semanas sin excepción- estoy sorprendida porque a día de hoy, aún continúo visitando su página web con ilusión. Nunca sé qué me voy a encontrar cuando franqueo el portal de su casa y precisamente esta incertidumbre me ha convertido en una devota visitante de su bitácora. Conviene aclarar, llegados a este punto, que Inner es un purista que detesta el término “blog”: él ha creado una bitácora.
Sirvan por lo tanto estas humildes líneas como ejercicio de gratitud hacia el genial autor, director, creador y productor de la bitácora “Inner, el pendejo electrónico“, probablemente el mejor blog del panorama internetero hispano parlante. Y si no es el mejor, declaro con la mano dispuesta sobre el corazón -que está situado bajo mi rotunda mama izquierda- que es la bitácora más variada y entretenida de la red.
Enhorabuena, Inner.

Llanto sin morbo
10 enero, 2008

elefantiasis.jpgReconozco que soy morbosa y la red me facilita el acceso a (casi) todas mis inquietudes en ese sentido. Soy capaz de perder un tiempo excesivo ‘recreándome’ en la contemplación de imágenes escabrosas, que no tienen por qué estar necesariamente relacionadas con asuntos concupiscentes, aunque entre tanta marabunta, algo cae, como es natural.
No debo ser la única. El morbo es un valor seguro, al igual que el sexo o las tragedias que lo envuelven. La felicidad y las buenas noticias están mal consideradas, casi pasan desapercibidas. Tal vez se deba a que las juzgamos como simple rutina, acontecimientos ordinarios que al fin y al cabo entrarían dentro de la normalidad, aunque los efectos y el impacto visual de la difusión masiva de noticias y escenas bizarras o desagradables parezcan indicar justo lo contrario.
Hace unos días, en la portada de un medio digital que destaca por sus noticias de corte frívolo, encontré una de las que a mí me gustan. Entusiasmada, coloqué el ratón con celeridad sobre el vínculo para satisfacer mis necesidades de voyeur ocasional: click, click, click y una sucesión de imágenes me descubrieron a un individuo de raza asiática que padecía una elefantiasis descomunal, algo realmente inhumano e indescriptible. Una tragedia más que yo contemplaba de manera desapasionada hasta que llegué a la imagen que encabeza esta entrada.
Días antes había tenido la ocasión de disfrutar de la niña hindú que tenía una gemela parásita (cuatro brazos y cuatro piernas), del hombre árbol (un fulano al que le salen unas verrugas tremendas por todo el cuerpo) etc. etc. etc., pero la visión de esta furtiva y reveladora lágrima en un rostro tan horrendo me hizo recapacitar… por el momento.

Sexo, mentiras e internet
19 octubre, 2007

ZoofiliaSe ha hablado y se habla tanto del asunto que me da una pereza tremenda reflexionar sobre el tema.
Sólo un apunte: desde mi punto de vista y en función del título de esta entrada, yo distinguría dos tipos de usarios del medio.
1) los carrozones, personas ya no tan jóvenes que se han visto desbordadas por las posibilidades de internet para ver ciertas cosas o hablar sobre aquellos temas tabú que desde siempre han permanecido velados.
2) los jóvenes, que han crecido y crecen asimilando el medio como algo natural que facilita la información y las relaciones personales.
El problema, a mi juicio, reside en que el segundo grupo también corre el riesgo de asimilar como “algo normal” la zoofilia, el BDSM, el vocabulario abreviado (KK, Kulo), el acoso escrito, ver en bolas a la madre del vecino del quinto, cagar online, cagarse en los muertos de la puta madre del prójimo si hay diferencias de criterio, comer cristales, encular a un pollino y un larguísimo etcétera.
(Sigo sin comprender por qué el género humano en estos tiempos tan privilegiados -especialmente en occidente- pudiendo elegir de lo bueno, lo mejor, opta por escoger lo peor).