La reina se merienda a la cateta de su nuera
26 agosto, 2010

No soy yo mucho de hablar de trapos y eso que podría, incluso tal vez debería. Pero hoy lo voy a hacer y de paso le meto un par de rajes a la princesa Leticia, que es un deporte saludable.
El otro día (el resto de) los plebeyos tuvimos la ocasión de leer unas declaraciones en las que la susodicha se quejaba de no tener vacaciones en condiciones. La pobre tiene que estar reventada. Demasiado ajetreo, antes iba a la tele, volvía y poco más. Hay que entenderla. Ahora no da abasto entre el palacio, las niñas, los compromisos, las coca-colas con la Sartorius y las infiltraciones de hialurónico. Sin duda, una vida durísima cargada de responsabilidades.
Pero se ha plantado. Ha cogido a las niñas, al marido, las toallas de playa, la sombrilla y a los guardaespaldas y se han largado unos días de vacaciones a algún lugar secreto. Finalmente han reaparecido en la boda griega del primo de Felipe.
Se rumorea que la nieta del taxista reconvertida en princesa por obra y gracia de su entrepierna (a mucha honra) no tiene buena relación con sus cuñadas. Nada que objetar: una cuñada política puede llegar a ser peor que las siete plagas, aunque estas dos jacas -Elena y Cristina- no parecen malas personas y desde luego carecen de cualquier afectación; pero sobre todo no parecen haberse tragado una estaca, algo que se ha convertido en el estandarte de la ex-periodista convertida en principesa. Pero bueno, allá ellas.
Lo que es indudable es que son muy distintas. Las cuñadas de la heredera consorte, digo.
Pero dejemos los trapos sucios y volvamos a los limpios que lucían en la boda.
Mientras que las infantas han adoptado un look muy alejado del protocolo encorsetado -se trataba de una boda de un hijo de rey sin corona- la princesa se ha embutido un modelito catetito, catetito hasta ponerla en evidencia. La lección de elegancia la ha dado la suegra de la nieta del taxista. Sin afectación, sin miedo y con el aplomo y la seguridad que la caracteriza. Ahhh, qué sinfonía de savoir faire en asuntos de trapos ha dado esta vez la reina.
Dejo y comento pruebas.

Leticia y la corbata de su marido a juego. Si el tono del modelito hubiera sido más claro y el talle más alto, la cosa habría mejorado. Ignoro si es de Varela o lo ha confeccionado una modista de Pozuelo. Qué drapeado tan cerril.


La suegra, con un look hippy-provenzal exquisito. Sabiamente pasota, impecable. Al día siguiente se vistió de tiramisú rojo, pero ella puede. Las reinas de verdad –no como Rania, la eterna miss Jordania– es lo que tienen, un punto de excentricidad baturra, una suerte de histrionismo friki que a mí me encanta.


Todos los cuñados juntos haciendo el paripé. Nótense las diferencias y sobre todo, nótese como también Iñaki sucumbe a la tentación de combinar la corbata con el florido atavío de su señora jaca. ¡Ay, estos parvenues!

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La Leti
19 junio, 2010

Tengo olvidada a Letizia. Hace tiempo que no le dedico un rebuzno. La verdad es que hay una razón poderosa: ya no me cae (tan) mal. Mi hermana me comentó que gana en las distancias cortas porque tiene sonrisa de conejo. Y luego me hizo gracia cuando le dieron el garbanzo de plata. Fingió espontaneidad muy bien y dicen que se comió la pringá enterita. Me caen bien las mujeres que comen tocino.
Por último, se colocó las gafas de CQC con una naturalidad incuestionable.
Pero esta mañana, con motivo de los fastos previos a los esponsales de la princesita Viqui de Suecia, me he desayunado una foto de anatomía ósea envuelta en tafetán colorado. Sí, es nuestra princesa palo. Delgada como un junco, seca, escuálida, canija; con unos bracillos tan breves, tan escuetos, que dan ganas de cogerle una vía y bombearle cinco litros de glucosa. La madre que la parió, qué lejos está del prototipo generoso de la hembra mediterránea.

Sus majestades los maricones
31 octubre, 2008

Con perdón, pero con razón.
Y es que cualquiera le tose al colectivo gay.
Su majestad (por derecho, ella sí) la reina Sofía, ha cometido el imperdonable desliz de celebrar su setenta cumpleaños consintiendo a la opusiana Pilar Urbano que traslade algunos de sus pensamientos al populacho. No sabemos si la soberana ha sido influida por su nuera, ya que según la periodista, “Letizia ha sacado a la reina a la calle“. Pues mejor la hubiera dejado en palacio. Desconocemos si la tuneada princesa ex-periodista ha sido la responsable de dar el visto bueno al libro, que por cierto, ya está agotado.
La reina-con acierto- nunca intervino en determinadas cuestiones sociales, no al menos a título público, con luz, taquígrafos y opusiana ávida de prestigiarse ante la Obra. ¿A qué viene este desmelene a destiempo, Doña Sofía? ¡Nobleza debería obligar! La casa real niega las declaraciones de la soberana, pero la enjuta periodista insiste: el libro ha sido debidamente supervisado, oigan.
Doña Sofía ha cometido un error de cálculo subestimando a la nueva realeza: el colectivo gay.
Los homosexuales se han revelado -¡y rebelado!- como un grupúsculo cerrado e intolerante que no transige ante quienes no consideran la homosexualidad como una opción natural, una suerte de pátina divina o una condición superior. En estos tiempos que corren quien no es maricón no es nadie, oigan. Si alguien alberga alguna reticencia con respecto al particular, siempre le queda la opción de declararse bisexual o por lo menos, viciosillo.
Yo por si acaso me declaro maricón y monárquico, no sea que la inquisición gay me condene a la hoguera del vituperio.

¿Sólo la nariz?
24 agosto, 2008

Y la sexta medalla de oro es… tachánnnn (redoble de tambores)… para el cirujano de la princesa por el resultado obtenido y por el increíble post-operatorio. Tiempo récord y sin moratones. Qué dura es la vida del resto de los mortales obligados a lucir look de momia egipcia durante unas semanitas tras una rinoplastia. Sí, ri-no-plas-tia he dicho, que si de algo podía presumir la ‘paciente’ es de su característica voz aterciopelada, muy alejada de los acordes gangosos que se suelen desprender de las gargantas de aquellos plebeyos desgraciados que de verdad padecen algún problema respiratorio.
Yo le tenía cierto respeto a nuestra Leti porque pensaba que estaba orgullosa de su napia aguileña, que lucia con dignidad su perfil de bruja periodista nieta de taxista reconvertida en principesa por la gracia de su entrepierna, pero no. Vanity Fair tiene parte de responsabilidad en este desaguisado al coronarla como la segunda mujer mejor vestida del mundo (algo en lo que yo discrepo). Y la Ortiz no ha podido resistirse. Finalmente ha sucumbido al mal de las advenedizas: quiere ser la royal más guapa.
Mais, soyons seriex, monseiurs et mesdames, me parece advertir, que además de enderezarle nariz, le han limado bastante la barbilla. ¿Serán imaginaciones mías? ¿Será la envidia que me ciega?
Todo esto, estimados (y escasos) lectores, a cuenta del bolsillo del sufrido contribuyente. Faltaría plus.
Está guapísima, eso sí.

Letizia se machaca
19 mayo, 2008

Nuestra guapa periodista reconvertida en principesa por obra y gracia de su entrepierna, parece dispuesta a combatir su extrema delgadez a golpe de mancuerna. Y se le ha ido la mano, como se puede apreciar en la imagen que ilustra esta observación empírica. Al extender sus extremidades superiores para saludar al modisto Adolfo Domínguez, evidencia las excrecencias anómalas de sus bíceps plebeyos. Una verdadera principesa debería lucir unos brazos inmaculados, níveos, sinuosos, delicados… y no esos muñones artificialmente hinchados (¿se inyectará Synthol junto con el hialurónico de rigor?)
Queda claro, pues, que Letizia no es anoréxica, sino delgada como un junco. Ella no fabrica grasas (¡ay, la tensión!) sólo musculitos, como Aznar, que hay que ver cómo se conserva el hombre.

Letizia se arruga
29 octubre, 2007

letizia.jpgLetizia no es anoréxica,pero tiene una marcada tendencia a perder peso debido al estrés. Como apenas le queda tiempo para echarse una siestezita entre tantas obligaciones, a nuestra chica se le caen literalmente los quilos según se desenvuelve su ajeteadra vida pública.
El día que deje de sentirse incómoda desempeñando sus labores de princesa (constitucional) podrá relajarse y dejar de quemar calorías de manera incontrolada. De momento, aunque es muy mona, parece que se ha tragado una estaca en todas y cada una de sus apariciones. Las consecuencias de su aparente infelicidad y sus desajustes calóricos ya se aprecian en su rostro. La piel de Letizia se deteriora a marchas forzadas.Ya no hay objetivo que lo disimule: la princesa de Asturias tiene arrugas. Unos marcados surcos nasogenianos, consecuencia del (presunto) sufrimiento de nuestra segunda dama, afean su hermoso rostro… porque seamos justos: la oventense reconvertida en miembro de la realeza por la gracia de su entrepierna es guapa con avaricia.
Pero que no se disparen las alarmas del populacho ante el deterioro de su princesa. El sufrido contribuyente también sufraga las inyecciones de bótox e hialurónico con sumo gusto, que para eso esto es una monarquía parlamentaria y la Constitución, al fin y al cabo, también contempla estos contratiempos aunque no los especifique con tantos detalles.
Y si no me creen basta echar un vistazo a su cuñada Elena, antaño una jaca percherona sinsustancia, actualmente una yegua glamourosa… que no, no es sólo que haya cambiado de peluquero -que también-, sino que recibe en casa a ese mago de la aguja, Christian Chams. Tres o cuatro chutes al año obran maravillas pero como Letizia aún es joven tal vez nos ahorremos unos eurillos e igual son suficientes sólo un par de jeringazos.
A mil doscientos la sesión, oigan.

Nota: el eterno cortesano y miembro de la Real Academia Española, Luis María Ansón, se despacha en el mundo.es con el lameculismo al que nos tiene acostumbrados tratando de justificar la utilidad de la figura del rey en pleno siglo XXI:“una figura neutral que arbitra entre las fuerzas designadas por el electorado…”