El Misterio, digo el Ministerio de Igualdad, mi madre y yo
14 abril, 2008

La marsellesa me arruina la siesta. Vaya por dios, no estaba soñando, es la última melodía que le he colocado al móvil en honor a la Bruni (esa tía lista, casi tanto como Anita Delgado).

¿Diiiiiiiiga?
-Niña, seguro que estabas sobando.
-¡Mamá! Noooo, veía la tele, una de Bruce Lee, puedo jurarlo.
-…o estabas colgada del ordenador, viendo cochinadas
-Que no, que yo ya no hago eso. Lo he dejado.
-Claro, claro. ¿Qué, cómo estás? ¿Sigues saliendo con ese picaflores? Tu hermana dice que la semana pasada pasó por tu casa y la tenías hecha un asco. Myrna me ha dicho que se niega a poner un pie hasta que no hagas propósito de enmienda.
-Myrna es una fresca, mamá. Hierve en una olla mis bragas de la Perla porque no le da la gana de lavarlas a mano. Lo sé porque huelen a avecrem.
-Cariño, el servicio ya no es lo que era antes, dile que las bragas son de Zara para que no se ofenda. Secuelas de la democracia. ¿Has visto las noticias?
-No, mamá, ya te he dicho que veía una de Bruce Lee. ¿Qué ha pasado?
-Esa gaditana con nombre de travesti. La han nombrado ministra…¡¡de igualdad!! Y es jovencísima. Por lo visto antes era bailaora de flamenco o algo similar.
-Sí, sí, algo he visto en intern… digo en la tele, una rubita con cierto estilo que también es adicta a la tecla.
-Sí, hija, sí. Fíjate lo bien que se lo montan algunas, no como tú. Aprende, a ver si espabilas. Hay que ver cómo han cambiado los tiempos, antes las artistas eran las queridas de los ministros y ahora… si tu abuelo levantara la cabeza. ¡Una artista jovenzuela ministra! ¡Una parvenue!
-¿Pero ministra de qué, mamá? Venga ya. ¡De igualdad! ¿Qué coño es eso?
Eso es lo que impedirá que las Myrnas del mundo laven las bragas delicadas a mano, cariño. Es más, cada alma acabará lavando sus propias bragas. También impedirá que tus pretendientes te subvencionen los ‘lobutines’, las rosas rojas, el Pingus y los banquetes en Zalacaín. Un desastre, Roberta, el Apocalipsis. Pero la madre de esa niñata estará como loca de contenta. Su hija es toda una ministra. ¡¡Ministra!! ¿Me oyes? Le pondrán una calle en su pueblo y le harán la pelota en el Casino. La atenderán la primera en la peluquería, llegue a la hora que llegue. ¿Cómo no me di cuenta a tiempo?
-¿De qué mamá?
-Pues de qué va a ser. Tú también podrías haber sido ministra de algo, siempre has tenido mucho desparpajo, pero tu padre y yo impedimos que fueras a las huelgas de estudiantes; te enseñamos a cantar el Cara al Sol en tres idiomas y ¡te bautizamos envuelta en una bandera de España con el escudo antiguo!. Si hubiera sabido que los ministerios iban a mutar en lavanderías… ¿Quién me iba a mí a decir que las porteras acabarían teniendo acceso a la universidad gratis?
-Hombre, mamá, tampoco es eso. Además, yo quiero ser cupletista y Bibi, que entiende mucho de lo mío, elevará la profesión a la categoría de arte. Seguro que el gobierno subvenciona mis galas.
-Ah, hija, qué inocente eres. Parece mentira, cualquiera diría que han pasado ya más hombres por tu cama que los que pasaron por la de mi madre, mi abuela y mi bisabuela juntas.
-Ya, ya, pero mira como tú no te cuentas.
-¡Niña, más respeto que soy tu madre!
-¿Y qué hacemos, mamá? Ahora las ministras se llevan jóvenes y sobradamente preparadas; mejor si son monas, pero no demasiado para que las marujas no se ofendan. Ergo yo no puedo ser ministra porque tengo las tetas grandes y me pinto los labios con rouge Dior. Además, fumo. Y en el Congreso no se puede fumar.
-Mea culpa todo, debería haberte sacado el carnet del partido, el del paro y el de CCOO cuando cumpliste la mayoría de edad en lugar de regalarte un BMW y un viaje a París. En esto consiste ahora el pedigrí: a los perros les consta en la cartilla canina y a los humanos en la cartera, en los documentos que acreditan sus filiaciones políticas.
-Da igual, mami, no sufras.
-Y tú no sirvas a quién sirvió ni pidas a quién pidió.
-Menos mal, ya me estaba preocupando.
-Cuídate reina, y saluda al picaflores de mi parte.
-Hombre, picaflores, picaflores, pues no: es progre y alto funcionario.
-Picaflores he dicho.Y un pelagatos, eso es lo que es. A ver si te luce más el pelo y te coloca.
-Son muy rencorosos, mamá. No perdonan.
-Claro que sí, todavía nos quedan un par de ases en la manga. Cuéntale lo del marquesado del abuelo, ya verás como traga.
-Besos, mamá.
-Besos, mi vida. Come bien y no fumes tanto.

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Más perra que Veguita
25 marzo, 2008

chaise-longue.jpgTras la resaca de las elecciones mi vida ha dejado de tener sentido. Mariano no ha alcanzado la gloria ni la oportunidad de demostrar que sería un gestor eficiente para esta mierda de país secuestrado por la estulticia y yo atravieso una mala racha presidida por la melancolía, la pereza y la desgana. Seguro que algún avispado le ha puesto nombre a mis padecimientos, será algún síndrome de estos que están tan de moda, pero como no soy Britney Spears me pueden ir dando por culo hasta el 2012 mientras espero a que Mariano ocupe el ansiado escaño negro. Para entonces seré una guacamaya consagrada rellena de sustancias milagrosas, polímeros y moléculas de diseño que disimulen mi previsible avinagramiento. El caso es que mientras espero a que los españoles recuperen la cordura, he recurrido a la ayuda de un profesional. Me desagrada la idea de acabar a machetazos con los ilustres miembros del botellonx de algún instituto público o concertado durante una crisis de melancolía. ¿Qué dirían mis amistades? Sólo Federico me consideraría una heroína, pero últimamente también a él lo encuentro bastante quemado. Así que me he buscado un sico la mar de guapo, de unos treinta y tantos, pelo canoso, alto y fibroso, con aspecto cuidadosamente desaliñado. Ideal para atravesar esta etapa de mi vida.
Ayer fui a su consulta. Me tumbé en una chaise longue de Le Corbousier con las piernas bien cruzaditas. Relucían las suelas rojas de mis Louboutin
-¿…Y?
-Pues no sé, oiga, que no ando fina. Mariano ha perdido y yo me siento como huérfana, no tengo ganas de nada. No doy ni un palo al agua, me cuesta un mundo grabar un cedé. De follar ni hablamos. Menos mal que me quedan los helados, pero me da pánico la celulitis.
-Ese sentimiento es positivo, manifiesta usted interés por cuidar su cuerpo…
-Me da pánico, pero me apiporro de helados, aclaro. Y duermo la siesta todos los días. Ah, y no me cambio de bragas: les doy la vuelta.
-Uhmmmm.
-Qué bonita esa lámpara ¿es de Modiss, verdad? Y la silla no es de Vitra, que sepa que es una copia, buena, pero copia. A ver cuánto me va a clavar, doctor. Coño, lleva la camisa por fuera, pero es Façonnable.
-¿Hay algo que despierte su interés?
– ¿Aparte de su camisa y de la lámpara? Déjeme que piense… el traje de novia de Belén Esteban y el Chiquilicuatre, pero porque ya no está Rajoy en la cresta de la ola. Ah, y esa francesa con la cara deformada que se ha suicidado. ¿Por qué no me habrá pasado algo así a mí? Tendría por fin una buena excusa para hacerme la víctima. Tengo un lunar en la cara, ¿cree usted queeee…? ¿Puedo fumar?
-No, lo siento.
-No me joda
-Lo siento he dicho, este es mi lugar de trabajo
-¡Es un consulta privada! Pri-va-da. Me va usted a esquilmar en cuanto me incorpore además de diagnosticarme un enfermedad mental. O me deja fumar o le meto fuego a las cortinas. Que sepa que le han tomado el pelo, ese lino tiene demasiado poliéster y no se imagina la que se puede liar si arrimo a la ventana el mechero del PP que llevo en el bolso. Sus cortinas son de médico de barrio advenedizo. Su padre seguro que era picoleto y, ojo, que esto último se lo digo sin acritud. Me encantan los picoletos.
-Pues no, era policía nacional.
-¿Lo ve? Bueno, pues como no me deja fumar me piro. Además, los descendientes del funcionariado suelen ser socialistas. Hágame usted un diagnóstico apresurado o no suelto ni un céntimo y le monto un escándalo.
-Cálmese, creo que exagera. Retomemos la conversación con tranquilidad.
-Y una mierda, no me ha negado que es usted socialista, no me permite fumar y me piensa sacar un pasta para costearse los porros, el Vega Sicilia y la asistencia a las manifas progres. Ahora mismo me rompo las medias y empiezo a gritar…
-Es usted más perra que Veguita.
-¿Cómo dice?
-Mi diagnóstico. ¿No es ese el trato? Eso, y ciento cincuenta euros.
-Usted es un chorizo, como todos los de su palo. Sepa que le pago porque es un diagnóstico muy sensato. ¿Hay tratamiento?
-Cerveza, un par a mediodía -si tercia- y tres por la noche. Mejor si es de barril (Cruzcampo). La acompañaré durante las primeras tomas para comprobar que la ingiere de manera correcta. Es necesario acompañar la ingesta con queso curado y jamón serrano.
-Pues recógeme a las ocho y ni se te ocurra cambiarte de camisa.
-…ni a ti de zapatos.
-Trepa.
-Floja.

pd.:Enhorabuena al poeta cordobés José Daniel García, que ha obtenido el XXIII premio de Poesía Hiperión con su obra “Coma”.