Las fuerzas del mal
21 abril, 2009

susan-boyleDecíamos ayer que ha nacido una estrella, Susan Boyle: cuarenta y siete, parada, soltera, entera y fea. Pero Susan, además, canta como los ángeles, así que lo demás no debería tener importancia. Pero la tiene, vaya si la tiene. La ocasión la pintan calva y hay que aprovechar el tirón mediático de la nueva reina de todos los shows. Por desgracia, nada tiene esto que ver con sus cualidades, sino más bien con la poca generosidad que la naturaleza concedió a sus otros atributos, los físicos. A Susan le han ofrecido un millón de dólares por hacer una película porno porque es virgen, fea y nunca la han besado. Que lo de cantar, escribir, pensar…trabajar honradamente al fin y al cabo, ya no quita a nadie de pobre ni garantiza el triunfo. Que cantar por cantar lo hace hoy en día cualquiera en un karaoke y eso ya no tiene ni morbo ni sustancia. Hay que escandalizar, enseñar las tetas y el coño, vomitar en el escenario, darse de hostias con el novio de tu madre, comer cucarachas y lo que haga falta.
El populacho demanda mierda, pues mierda nos dan.
La oferta caduca en una semana, eso sí.

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¿Espíritu olímpico? Y una mierda
21 agosto, 2008

Huele a carne quemada en la T4… y a chamusquina en Pekín. El COI ha negado al COE que las banderas ondeen a media asta. También ha prohibido a los deportistas españoles que compitan con brazaletes negros, señal de duelo y respeto hacia las víctimas y sus familiares.
La justificación: habían negado la misma petición con anterioridad a los giorgianos. La diferencia, una uña: la tragedia de Barajas es un accidente, cualquier actuación simbólica obedecería a causas humanitarias; el conflicto entre Rusia y Georgia obedece a razones políticas (la mierda de la política, preciso). Desde China no se quiere ofender a los rusos, pero se ha ofendido a los españoles sin pudor ni rubor.
La cuestión es que el COI ha negado la mayor en un caso y en el otro, demostrando una falta de sensibilidad bochornosa. Yo creía que el espíritu olímpico era otra cosa. Me habían contado que hace muchos años, cuando el mundo era más inocente, las cosas funcionaban de otra manera. Ya no.
Durante estas olimpiadas, fuertemente impregnadas por el intolerable autoritarismo amarillo -que algunos confunden con eficacia- hemos asistido a un espectáculo deslumbrante: tambores adiestrados, niñas bonitas cantando en play-back -las ‘feas’ había que esconderlas-, atletas chinos amaestrados como animales de circo, chinos y chinas sonrientes…¡Ay del chino que se salga del guión!
A mí no me han impresionado los 2008 tambores sincronizados, ni los fuegos de artificio, si acaso me ha llamado la atención que las banderas ondeen al ser izadas aunque no haya viento. Supongo que los chinos patentarán el sistema de autoventilación incorporado a los mástiles. Sí que me impresionaron -y mucho- las lágrimas de desesperación e impotencia derramadas por el entrenador del ex-héroe nacional, Liu Xiang. Las autoridades chinas le habían advertido que cualquier logro anterior alcanzado por el atleta carecería de valor en el hipotético caso de que su pupilo no repitiera la gesta conseguida en Atenas. Se le acabó la estrella, pues, al corredor. Prohibido lesionarse, prohibido perder.
También me impresionaron -y me acojonaron- las naves gigantes habilitadas para preparar a futuros campeones de ping-pong. Dieciséis horas diarias de entrenamiento, cientos de mesas dispuestas en líneas perfectas y un montón de niños chinos rescatados de remotas provincias con la esperanza de escapar de una vida gris. Tres años consecutivos -o más- dándole a las palas, por la mañana y por la noche para convertirse en el orgullo de la nación, para ser bendecidos por sus implacables gobernantes, porque el gobierno chino premia a sus medallas de oro con vivienda, coche y un buen pellizco. Los demás a palos y que se jodan.
No deberíamos olvidar que China es una nación que no respeta los derechos humanos ni los civiles. Al COI se le ‘olvidó’ y cometió el error de conceder el honor de designar a Pekín como sede de estos JJOO.

¿Espíritu olímpico? Y una mierda.

pd.:Mis condolencias a los familiares, amigos y allegados a las víctimas del accidente aéreo del avión de Spanair en la T4. Enhorabuena -una vez más- a la ciudad Madrid por su impecable y ejemplar capacidad de reacción.

Poesía para bacterias
15 marzo, 2008

bacterias.jpgEl otro día andaba yo de farra con una guacamaya muy buena amiga mía que tiene la costumbre de llevarme a sórdidos antros en los que me obliga a ingerir extraños brebajes. Para coronar la juerga, me regaló un librito con la advertencia de que no hacía falta que me lo leyera. Se trataba de una demostración de cariño friqui que ella quiso materializar con el simbólico presente. Agradecí que me liberara de la obligación de leerme aquello porque ya estaba informada sobre el contenido de la obra a grandes rasgos. Ya tenía un juicio formado sobre el particular. En concreto, mi veredicto era que una pandilla de desoficiados vanidosos habían reunido algunos de sus ripios rijosos y habían conseguido editarlos en papel con forma de libro para presumir de artistas en sus propios círculos. Más hipotéticos transgresores, más. Un auténtico coñazo.

Hoy me tocó ir al club de pádel. Yo no practico este (presunto) deporte porque considero que es más adecuado para penitentes barrigones y/o guacamayas a las puertas del climaterio que para una yegua deslenguada y esteta con complejo de superioridad, pero el caso es que me dejé caer por allí. Para tocar las pelotas a la gentuza políticamente correcta que frecuenta esos parajes se me ocurrió lucir mi ejemplar de Poesía para bacterias como complemento snob. Me acomodé en mi asiento, pedí un café conlecheysacarina y empecé a ojear el libro.

Estaba equivocada, como suelo estarlo siempre que emito un juicio apresurado cargado de prejuicios inconscientes. Mea culpa. Craso error.

Poesía para bacterias (editorial Cuerdos de Atar) es, en efecto, la recopilación de los ripios de una cuarentena de autores que conciben el verso como una poderosa herramienta crítica y que han actualizado su pasión por la palabra escrita. Para empezar, estos violadores del verso se despachan con un par de magníficas introducciones a modo de prólogo que justifican con contundencia su particular concepto de la poesía. Sergi Puerta, que es quien se ha tomado la molestia de recopilar esta selección de pajas mentales, firma la segunda -y sublime- intervención en la que deja perlas memorables como ‘estamos ya demasiado embrutecidos para jugar al anacoreta’, o se cuestiona ‘por qué un contexto cuyo protagonista es youtube, no tiene cómo referente estelar a la poesía’. Tal vez sea cierto que una imagen vale más que mil palabras, especialmente para esas mismas almas embrutecidas, me atrevo a contestar yo. Pero discrepo conmigo misma: las imágenes, aunque impacten al primer golpe de vista, no nos permiten meter las narices en las entrañas de nadie, son superficiales, nos devuelven emociones incompletas.
Echo de menos más presencia femenina en el recopilatorio de rebuznos y destaco las breves biografías que preceden a cada uno de los autores que colaboran en este proyecto, especialmente todas aquellas en las que se menciona con sorna que el fulano de turno escribe en internet. Mención especial a Salva Dávila (reconvertido ahora en Antonio Chocho) y a Mario Fernández, cuyos ripios aparecen en la obra. Tengo el honor de intercambiar sms obscenos con ellos cada cierto tiempo.
Leer esta mierda -o esta joya- me ha devuelto el optimismo de manera temporal.
Dejo un aperitivo firmado por un tal Eugenio Barragán:

Y me dijo: bésame
Y la besé
Y me dijo cómprame un piso.
Y pedí un crédito.
Y me dijo ámame.
Y la amé.
Y me dijo regálame flores.
Y le planté un campo.
Y me dijo: siéntate, tengo que hablar contigo.
Y me senté.
Y me dijo: ya no te quiero.
Y le pregunté por qué.
Y me dijo: por eso, porque me haces caso.
Y se quedó con todo.

Versalles en dos horas (y media)
15 enero, 2008

adoquines-versalles.jpgLlamo a un taxi enorme y los monto a todos dentro. ¡Al palacio de Versalles!, le digo al conductor. En cincuenta minutos ya estamos en la puerta. Mierda, no he comprado las entradas con antelación: a la cola. De repente aparece una señora con muy malas pulgas armada con un megáfono. Dice que es domingo, que se pueden visitar gratis los apartamentos de las delfinas y no sé qué más (¡eso, eso, qué bien, vamos y nos ahorramos la cola!). Ni hablar, les digo: yo he venido aquí a ver el salón de los espejos, los apartamentos del rey y los de la reina. Y después el Petit Trianon, que era el chalecito que empezó a construir la Pompadour y terminó María Antonieta para escapar del melifluo de su marido. Me interesa mucho verlo.
Venga, unos audífonos para cada uno, que vienen incluidos en el ticket. Qué mierda, en España estas cosas están mejor organizadas. Vale, funcionan, pero no corráis, joder, ¡no corráis!. Prohibido hacer fotos (¡y una mierda!). Click, click, clikc, todas borrosas. La capilla, que se me olvidaba. Un momento, el salón de Hércules, dejadme que lo mire, hostias, necesito inspiración (no nos da tiempo, la mesa está reservada para las dos y media). Dios, qué pasada, (sí, muy chulo, ¿por qué hay una balaustrada dorada para separar la cama del rey y de la reina del resto de la habitación? Qué gente tan rara… ¡Pero si es Napoleón coronando a Josefina!. ¿Ése era monárquico?). ¡A los jardines, a los jardines, que hay un trenecillo que nos lleva al Trianon por cuatro euros! Mierda, está completo y el siguiente sale en quince minutos. Renuncio al Trianon y gasto el tiempo que me queda en perderme por los jardines, que están embarrados pero son los jardines de Versalles, qué coño. Me ensucio las botas con gusto. Allí al fondo está el Trianon. Me daría tiempo a acercarme… (protestas generalizadas, caras de póker del personal, nadie parece tener la capacidad de mover las piernas que tengo yo, pandilla de flojos). De acuerdo: parada y cerveza en este bar tan ideal, pero antes más clicks con la fuente de Apolo a mis espaldas, por favor (que tía más pesada, queremos una puta cerveza y sentarnos que hace solecito).
(Hay que regresar, el taxi nos recoge a las una). Pues que espere, me digo en secreto. Y me hago la remolona. Contemplo el camino que conduce al Trianon y valoro por un instante la posibilidad de batir el récord mundial de velocidad en carrera libre hacia le Petit Trianon. Sé que podría, estoy en forma. Prometo no fumar por el camino, sólo correr en línea recta. Pero los sensores que tengo situados en el cogote perciben los impulsos asesinos de mis acompañantes. Me parece que han adivinado mis intenciones. Agacho las orejas, me compro un libro con fotos enormes a color y me empapo de lo que no he visto durante el trayecto de vuelta. Pero antes hago otro click e inmortalizo los adoquines del patio para lucirlos como salvapantallas en mi móvil.
Volveré sola o en compañía de algún alma sensible.
Fuimos puntuales a la hora del almuerzo. Tampoco estuvo tan mal.