Lianne la perra
19 mayo, 2010

…Y como estaba preocupada por sus hijos, les metió la cabeza dentro de una bolsa de plástico y los asfixió.

Esta es Lianne, una británica que ha tenido el estómago de compartir media vida con un pederasta en búsqueda y captura a pesar de que ya abusó de una hija que tuvo en un anterior matrimonio. No contenta con ello, se casó con él y le dio un hijo. Convivían los tres junto a otra hija más de la monstruosa Lianne, de cinco años de edad. Al elemento de su marido le han dado caza recientemente y ella, acojonada porque temía que se los quitaran, ha acabado con la vida de sus churumbeles en la habitación de un hotel del Lloret del Mar. Previsora y meticulosa pagó por adelantado el alojamiento, colgó el cartel de “no molestar” en el picaporte de la puerta y se cargó a sus retoños.
No dudo que estuviera como un cencerro dadas las circunstancias, pero es un despropósito que los verdaderos locos, los realmente peligrosos, pasen desapercibidos porque aparenten normalidad. Cambiamos de acera cuando percibimos algún sujeto extraño, le damos esquinazo; huimos de otros elementos discordantes porque no encajan en los roles preconcebidos pero los que constituyen una verdadera amenaza conviven con nosotros, pasan desapercibidos porque tienen coche, hipoteca y un par de churumbeles, hacen la compra el Mercadona y hasta pagan por adelantado la estancia en un hotel de Gerona. Gente ‘comme il faut’ en definitiva. No llaman la atención, no hacen ruido hasta que…

Descansen en paz los dos críos. Ya no corren peligro.

Anuncios

Teresa Macanás, crónica de una muerte anunciada
16 abril, 2008

Ángelo entró en la cocina, pidió dinero a su madre, ella se lo negó y discutieron con violencia como tantas otras veces. La cosa acabó malamente: le asestó varias cuchilladas a la hacedora de sus días hasta matarla, pero le debió parecer poco, así que la decapitó con el cuchillo jamonero. Tal vez al parricida le temblaba el pulso porque no acertó a rebanar la cabeza de su progenitora por el pescuezo, sino que entró a rematar a la altura de las narices, asunto que deduzco que le ocuparía más o menos media hora. Después, envolvió la testuz de su madre en un trapo, la tomó entre sus brazos y se la llevó de paseo. Se dio varias vueltas por la plaza del pueblo hasta que decidió sentarse en un banco para conversar con la porción de cabeza de la desgraciada: “ahora estás callada…cuánto te quiero”. De esta guisa, semidesnudo, con una cinta atada al pelo cual macabro samurai, lo interceptó al fin la policía.
Teresa llevaba años pregonando a quien quisiera escucharla la crónica de su anunciado final:

“Una vez que uno está muerto, ¿qué pasa?, lo cogen, lo detienen lo encierran en la cárcel y yo muerta, y ya no hay más soluciones”


En Santomera ha caído una maldición. Hace ocho años otra hija de puta (¡y van…!) estranguló a sus dos hijos con el cable del cargador del teléfono móvil después de esnifarse hasta el polvo de la bolsa de la aspiradora… porque su marido le era infiel. Al día siguiente la parricida caminaba destrozada tras los féretros de los chiquillos. A la zorra de Paquita la han condenado a cuarenta años en el talego. Cumplirá sólo veinticinco, que es lo máximo que se puede estar enchironado según el Código Penal vigente.
No voy a calificar a Ángelo de hijo de puta porque su madre era una santa, hoy ya convertida en mártir. Es sólo un esquizo cabrón, uno de tantos, uno más de esos que nos cruzamos por la calle todos los días. Los vemos, los miramos y un escalofrío recorre nuestro cuerpo durante unos segundos. Tal vez comentamos alguna banalidad si alguien nos acompaña, un lacónico ‘¿has visto qué pinta tiene ese tío?’, y continuamos con nuestra vida tan campantes porque no es asunto nuestro. Hasta que decapitan a alguna desgraciada de ésas que berrean por la tele. O un capullo reincidente asesina a una niña. O una gorda amargada incendia un edificio. O…
Ojo, que están ahí, aquí, allí… y avisan.

Hija de puta
7 febrero, 2008

medea.jpgIgnoro cuál es la razón que conduce a los profesionales que estudian la mente del ser humano a camuflar la maldad bajo el socorrido manto de las patologías mentales. En el caso de la madre que ha atiborrado a sus cuatro hijos de benzodiacepinas con el resultado de la muerte de los dos más pequeños (tres y siete años) se ha intentado explicar el suceso aludiendo al síndrome de Medea, también llamado de “la madre compasiva“, obviando los especialistas en sus declaraciones que además de la ingesta de medicamentos, la parricida agredió con arma blanca a sus dos hijos mayores mientras estaban sedados.


“Medea, sacerdotisa bárbara de magia perversa, fue hija de Eetes, rey de Cólquida, se enamoró de Jasón, a quien defendió contra su padre y luego le ayudó a apoderarse del vellocino de oro. Más tarde huyeron a Corinto, donde Jasón abandonó a Medea por Creusa, hija del rey. Medea, en despecho, degolló a los hijos que había tenido con Jasón, jefe de los argonautas, vengándose de esta forma de su esposo que la había abandonado.”

La hija de puta que origina esta pequeña reflexión, acababa de separarse. Padecía una depresión por este motivo, argumento que podría servirle como atenuante para justificar el crimen más inexplicable que un ser humano puede cometer. Podría haber matado a su marido, o mejor aún, haberse suicidado ella, algo que al parecer intentó con poco éxito ya que la muy cobarde no tuvo ni las agallas ni la habilidad suficientes para llevar a término sus propósitos y así acabar con sus (presuntas) dolencias, pero no falló con sus dos retoños menores.
Desde mi punto de vista, ni la tristeza, ni la enfermedad mental constituyen supuestos que purguen comportamientos como el de esta madre. Sólo la maldad, la inmoralidad, la vileza, la iniquidad, la falsedad, la perversidad, la depravación, la crueldad y el egoísmo más descarnado, explican que un ser humano agreda a los pilares de su existencia hasta provocarles la muerte.
No se trata de una enferma, no: esta madre es una vulgar hijadeputa; tal vez deprimida y amargada, pero por encima de todo, insisto, es una auténtica hija de la gran puta.