Intento fallido de alegato lésbico-feminista
21 noviembre, 2009

Definitivamente, detesto a los hombres. Siempre he pensado que son el eslabón entre el mono y la mujer. Y digo que los detesto por muchas y muy variadas razones, tantas que soy incapaz de exponerlas con coherencia. Así que no estoy dispuesta a desentrañar un discurso impecable, bien argumentado, razonado y escrupulosamente documentado. No me da la gana. Detesto a los hombres porque los detesto. Mientras más mayor me hago menos me complacen y más me desagradan. Y a mí lo que me gusta es que me complazcan y punto. No le pido más a un maromo, sólo eso.
Exijo poco: calla, paga, sonríe y no mees fuera de la taza ni del tiesto. ¿Y el sexo? Cuando a mí me pete: poquito y del tradicional. No me gusta despeinarme ni que me suden. Puestos a elegir entre un buen rabo o una dosis de telebasura, me decanto por la segunda opción. Al fin y al cabo ambas actividades tienen en común la posible presencia de la manta como atrezzo.
A menudo pienso que la convivencia con una semejante sería mucho más cómoda que el amancebamiento con un individuo del sexo (presuntamente) dominante. Las chicas somos mejores compañeras de vida en general. Cari, qué cenamos. Cari, si vas al Mercadona tráete esto o lo otro. Cari, regálame ese libro… ¡que ya traes debajo del brazo! Cari, que limpia está la taza del inodoro. Cari, hoy no tengo ganas, hacemos palomitas y vemos Sálvame de Luxe. O le damos de comer a los patos. Seguro que Cari colabora o no colabora, pero no jode el invento ni pone cara de… no sé cómo describir esa expresión, la cuestión es que la detesto. No importa que se esfuercen e intenten manifestarse de manera positiva: ellos siempre fingen, especialmente cuando aparentan interés. No incurriré en el topicazo del sexo. Es tan sencillo como tirar de refranero: más vale pájaro en mano y tal y tal. O sea, si soy yo la que está en el catre como si es la vecina nonagenaria del sexto. Lo que esté más próximo y sea más cómodo: la cuestión es meterla en alguna oquedad calentita. Luego ya cada uno es libre de adornar la escena con metáforas y epítetos o no adornarla. Después, lo de siempre: a mear fuera del tiesto y de la taza.
Es frustrante que no me atraigan mis congéneres porque estoy convencida de que sería mucho más feliz, aunque también sudan y desgraciadamente carecen de excrecencias tuberosas localizadas en la entrepierna, que es la forma más esperpéntica que se me ha ocurrido esta mañana de sábado-sabadete para mentar la única cualidad destacable que adorna aquello que tanto detesto.
Y bla, bla, bla…

(Ilustro con una soberbia vista de Keanu Reeves de espaldas porque hay excepciones)

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El pedazo de polla (con perdón) de Michael Jackson
16 julio, 2009

(This is it. Ya nos lo fabrican así)1

paquete MJ copiaA mí Michael Jackson me ponía cachonda.
Adoraba sus coplas, se me iban -se me van- las piernas cada vez que las escucho. Pero verlo… ¡ahhh! verlo en acción era ya el summun, un delirio para los sentidos. Recuerdo que mi padre, un señor fascineroso y serio pero bueno, bueno de verdad, no entendía mi fascinación por él. Mi cuarto empapelado con imágenes del aquel “negromariquitarraro” fue una de su preocupaciones hasta que vio Thriller con sus propios ojos y sentenció: es un gran artista, Roberta. Tengo que reconocer que canta y baila estupendamente aunque se pinte más que tu madre. Naturalmente nunca aprobó su estilismo, pero se rindió ante su genialidad. Por aquella época estaba también en pleno esplendor George Michael y aquello sí que hubiera sido preocupante. Ése sí que ha sido una maricona de las grandes.
Asumido el motivo de mi diabólica posesión, mi padre me quiso dar una sorpresa y se plantó en el corteinglés . Yo no tenía liquidez, más o menos como ahora, pero con el agravante de que en aquellos años era impúber y ahora tengo pelos en el… Vaya, que me voy por los cerros de Úbeda. Decía que mi padre pidió al vendedor de la sección de música el disco del “negromariquitarraroquesepintalosojos” y se presentó en casa con ¡Purple Rain!. Un detallazo, sin duda, aunque yo lo hubiera matado, qué desagravio (pedazo de disco, por cierto, al final tuve que rendirme ante la evidencia. Prince es otro genio: más pequeñito, más modesto, malhumorado pero genio al fin y al cabo.)
Trascurrió el tiempo. Me fui haciendo mayor. Descubrí el amor normal y corriente en la playa, porque el amor de verdad era el otro, el que yo sentía por mi ídolo. Mientras me convertía en un proyecto de mujer que cambiaba sus infructuosos suspiros por un torbellino de desilusiones, mi adorado evolucionaba al compás de su ritmo: de negro a blanco (vitíligo contrastado), de narizota divina a naricilla cómica (para conseguir más agudos); besaba a una guarra en un vídeo sin mi autorización (y yo me revolcaba con un francés por la arena). Etc, etc. Me fui integrando plácidamente en la subhumanidad mientras él ascendía al Olimpo de la excentricidad arrastrado por su torrente de excelencia. Esclavo del ritmo, víctima de la fama. Definitivamente el hombre no está hecho para ser adorado.
Me pasé por el forro las acusaciones de pederastia. Menuda gilipollez. Pero lo que jamás le perdonaría fue aquel matrimonio con Lisa Marie. Ya que me ponía los cuernos lo que le tenía que haber hecho es un bombo. Traer el mundo un nieto de Elvis hijo de Michael Jackson hubiera sido la leche. Para mi desdicha, no contento con aquello, repitió la hazaña con una enfermera gorda, zafia y horrorosa con aspecto de nodriza. Cero glamour. Y encima se reprodujo con ella.
Aparqué a Michael y continué con mi vida, aunque él siempre fue propietario de una parcela en mi inconsciente. Cuando llegó la parte más polémica y oscura de su vida, no me importó demasiado. Ya tenía asumido que era un genio de la música. Y punto.
Pero empecé diciendo que me ponía cachonda. Huelga decir que este no es un sentimiento nada platónico, pero es que babeaba -¡y aún babeo!- cuando agitaba esas manazas suyas con esos dedos tan largos; esa forma de convulsionarse, de menearse, de desafiar las leyes de la gravedad. Y el ritmo, el ritmo de su cuerpo ligero como una pluma. Y los gestos, la forma de modular la voz, los giros vertiginosos, los saltos, los desplantes, el movimiento diabólico de sus caderas: la magia que el verdadero artista derrocha sobre el escenario. Sumo sacerdote de la escena, dios del compás, hipnotizador de masas, ilusionista que secuestra la cordura de quien sabe apreciar la belleza; gracia, genio e ingenio, pero por encima de todo, TALENTO y, y, y…
…y el pedazo de polla que tenía Michael Jackson.

Con dos cojones, Michael.

La Faloteca
18 mayo, 2008

La Faloteca Islandesa es probablemente la única de su tipo del mundo, donde se encuentran penes de casi todas las especies mamíferas de un solo país.

Falología es una ciencia antigua que hasta ahora no ha tenido atención meritoria, excepto como apéndice de otras disciplinas, p.ej. de historia, estética, psicología,literatura y de varias artes como música y ballet.

Gracias a La Faloteca Islandesa, ahora se puede estudiar falología de forma organizada y científica.

La Faloteca Islandesa cuenta ahora con más de 200 penes de casi todas las especies mamíferas, terrestres y marítimas, de la fauna islandesa. La colección tiene 52 ejemplares de 16 especies de ballenas, 1 ejemplar de oso polar, 31 ejemplares de 7 especies de focas y morsas y 114 ejemplares de 20 especies de mamíferos terrestres. O sea, una suma total de 200 ejemplares de 45 especies diferentes de mamíferos islandeses. Además, la colección tiene una colección extranjera (40 ejemplares) y otra folklórica (23 ejemplares) más cuatro documentos de donación atestados de la especie Homo Sapiens.

Además de la parte científica, el museo tiene unos 300 obras artísticas y piezas utilitarias relacionadas con el tema principal del museo.

Es maravilloso que exista un lugar así.
Sigurdur Hjartarson -antiguo profesor de historia, falólogo, fundador y propietario del Museo Phallological- pronto podrá contar con cuatro ejemplares de penes humanos. Se trata de cuatro señores que han donado sus miembros para la causa de manera altruista. De momento, el pene más grande de la muestra pertenece a un cachalote, tiene un peso de 70 kilogramos y mide 1,7 metros. El más pequeño es de un hámster, que mide tan solo 2 milímetros y debe ser visto por una lupa (me temo que no es el único que necesita apoyo logístico para ser apreciado).
Sigurdur, que inició su colección con un pene de toro que le regalaron los padres de un alumno (¡lo usaban como látigo!), tal vez amplíe la muestra al género femenino e incluya una pipateca entre sus especímenes por aquello de la paridad.
Ilustro con la polla del cachalote, faltaría más.

pd.: Aprovecho la ocasión para pedir disculpas al señor Úrculo por mi anterior rebuzno e invitarlo a disfrutar de la genial exposición del señor Sigurdur.

Tracy Lagostino a.k.a. Thomas Beatie
23 abril, 2008

Resulta que el (presunto) embarazado, antes de convertirse en un simulacro de señor con perilla a lo Jhonny Depp, era una agraciada señorita hawaiana que incluso llegó a quedar como finalista en algún que otro concurso de belleza. Y me refiero a ella como un simulacro, ya que si el actual Thomas hubiera sido coherente, se hubiera comprado una buena p… digoooo un pene con sus correspondientes testiculillos entre las piernas. Pero no, lista y previsora ella -y utlilizo el género femenino porque un ser humano con un bombo es una mujer desde el punto de vista biológico diga lo que diga Zerolo- conservó sus órganos genitales originales a buen recaudo. Se quitó denmedio las siempre incómodas tetas, ésas sí, que los sostenes son cada vez más caros. Thomas y señora, que ya han paseado su palmito junto al cepillo de recaudar baberos y biberones por el programa esperpéntico de la esperpéntica Oprah (la redundancia no es casual) se lamentan incrédulos ante la incomprensión del respetable hacia sus circunstancias bizarras. Ellos, precisamente ellos, que disfrutan de las licencias de su amor gracias a los (presuntos) progresos sociales en el ámbito legal. Así que mis distintos yoes han convocado un juicio sobre el particular con el siguiente veredicto:

-Thomas Beatie tiene la cara como el cemento

Dejo unas fotitos de la difunta Tracy. Qué mona era.