La Leti
19 junio, 2010

Tengo olvidada a Letizia. Hace tiempo que no le dedico un rebuzno. La verdad es que hay una razón poderosa: ya no me cae (tan) mal. Mi hermana me comentó que gana en las distancias cortas porque tiene sonrisa de conejo. Y luego me hizo gracia cuando le dieron el garbanzo de plata. Fingió espontaneidad muy bien y dicen que se comió la pringá enterita. Me caen bien las mujeres que comen tocino.
Por último, se colocó las gafas de CQC con una naturalidad incuestionable.
Pero esta mañana, con motivo de los fastos previos a los esponsales de la princesita Viqui de Suecia, me he desayunado una foto de anatomía ósea envuelta en tafetán colorado. Sí, es nuestra princesa palo. Delgada como un junco, seca, escuálida, canija; con unos bracillos tan breves, tan escuetos, que dan ganas de cogerle una vía y bombearle cinco litros de glucosa. La madre que la parió, qué lejos está del prototipo generoso de la hembra mediterránea.