GH 10
16 enero, 2009

mila-y-productorGH 10 no es un fraude, es un negocio. La Milá se ha convertido en una diva mamporrera. Me fascina, me alucina, ver el grado de masoquismo de los concursantes frente al hijoputismo pesetero de la presentadora. Me produce tanto morbo como vergüenza ajena ver el programa. Es decir, que disfruto como una enana.
Y hablando de enanas, finalmente la de GH no me desagrada tanto. Es zafia, obscena, ordinaria y vulgar pero parece noble. Todo lo contrario me sucede con el vencedor virtual de esta edición (Iván), que responde al perfil de maltratador; chusquero, pero maltratador al fin y al cabo. Si la tal Almudena no fuera acondroplásica habría que ver cómo se hubiera interpretado el (agresivo) comportamiento de este concursante. Sin embargo, con la anuencia de los responsables del programa y sus propias bendiciones, la Milá ha elevado a la chica a la categoría de bufón del reino español. Que al fin y al cabo este siempre ha sido un país de bufones y pícaros.
Esto es lo que hay. GH no es más que un barómetro de la realidad social: enanos, incultos, hijoputas, desoficiados e imbéciles por todas partes. Con perdón y excepciones, entre las que ignoro si me encuentro.
Votad a Orlando que yo no voto. Ni un céntimo a semejantes alimañas.
Que no triunfen las fuerzas de la zafiedad.

(Foto: el fósil histriónico de la Milá y un productor de GH)

Almudena, la odiosa enana de Gran Hermano
7 diciembre, 2008

enana-vanidosa1Las musas -si es que me acompañaron alguna vez- me han abandonado. He hecho mutis tal vez en el momento más inadecuado. Crisis, obamas, esperanza con calcetines de media y tacones, Zapatero tomando medidas para potenciar el receso… y yo cada día más autista y más vaga.
Pero detrás de cada una de mis involuciones siempre han existido razones poderosas: he abandonado la red y he regresado al lugar del que nunca debí partir: la televisón. Estoy enganchada a Gran Hermano. Hasta las trancas. Vivo con ellos, como con ellos y literalmente, duermo con ellos porque me quedo grogui con la televisión encendida. Suelo despertarme de madrugada con el mando a distancia entre las piernas (…) las gafas de culo de vaso clavadas en la espalda y la ropa de cama revuelta. Entonces los veo roncando en blanco y negro, estáticos, relajados, en silencio y por fin me libero. Apago el televisor, espero a que suene el despertador y vuelta a empezar con la rutina.
Y es que esta edición del concurso más emblemático de la telebesura me está gustando bastante por dos razones:
1) el cásting:los concursantes son (o parecen) normales. Entiéndase por normalidad la ausencia de sicópatas, pendones desorejados y travestis o mutantes
2)La enana arrabalera y vanidosa: la detesto, no por su (presunta) irregularidad física, sino por su vocabulario, sus gestos, sus reacciones, su desvergüenza y su alarmante falta de educación.
La tal Almudena es el eslabón perdido entre nuestros ancestros bárbaros y el mundo civilizado.
Se trata de un ser humano de corta estatura y escasa formación que carece tanto de pudor como de modales. Y digo que la detesto, pero la naturaleza humana es tan curiosa que en lugar de darle al off y ahorrarme el sufrimiento que me produce ver y oír a la extraña criatura, me quedo anclada delante de la pantalla como una energúmena esperando, deseando con todas mis fuerzas que llegue el día en que su sueño se desvanezca, que la pongan en la calle y se dedique a berrear por los platós de Tele 5. Allí estarán encantados de recibirla porque la enana malvada y retorcida promete pingües beneficios a la productora.
Intuyo que sus compañeros de aventura en un principio no la nominaban para no ser tachados de clasistas, racistas o intolerantes, que ser enano no es pernicioso para el prójimo y los enanos también son criaturitas de dios (y de la sociedad de bienestar, of course). Pero intuyo que acabarán echándola a patadas o la recibirán de igual forma en el hipotético caso de que se prolongue más de lo deseable su (glorioso y mediático) encierro.
Mientras tanto la señora mayor salida y egocéntrica que conduce el programa (¿en que se ha convertido la Milá, dios mío?) se frota las manos cada vez que calcula las cuotas de audiencia que va a arrojar la criatura quasi demoníaca en cuanto salga a berrear por esos platós de dios…

A tomar por culo el tomate
3 febrero, 2008

tomate.jpgNo pertenezco al colectivo de telespectadores que niega haber visto “Aquí hay tomate”. Me lo tragué religiosamente durante las dos primeras temporadas, más o menos, después opté por dormir la siesta o navegar por la red. Lo cierto es que a mí el programa de marras me generaba estrés y sufrimiento ajeno, que viene a ser algo así como la vergüenza ajena pero en versión solidaria. También me arrancaba alguna risilla malvada -cómo negarlo- pero cuando los presentadores ponían a parir al desgraciado de turno, alucinaba al comprobar no existen límites éticos, morales, legales o profesionales que impidan cebarse con el prójimo. ¡Qué miedo!

Ayer, Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde concedieron una entrevista en exclusiva al programa ‘La Noria’, que para eso están todavía en casa de sus patrones, y ya se sabe: no se muerde la mano que da de comer, aunque lo pongan en la calle a uno en cinco días con excusas peregrinas. Él siempre ha hecho gala de su manera corrosiva de interpretar la información, aunque manifestó su cansancio junto a otras consideraciones bastante razonables, pero a ella no la podía juzgar fuera de su funciones como presentadora del Tomate. Y qué poco me agradó la susodicha. Se trata de la clásica “gayhetera” que chupa ruedas del maricón ingenioso. Enteradilla y demasiado habladora, de su conversación se desprendía que está aterrorizada porque se le acabó el chollo, así que no tuvo inconveniente en arrastrarse como una alimaña demandando otro púlpito en el que despellejar a quien toque. Hay que reconocer que goza del don de la locuacidad, tiene un buen timbre de voz y no tartamudea ni se trastabilla durante sus alocuciones, pero por lo demás, Carmen Alcayde, sin guionistas, sin famoso al que decapitar y sin maricón ingenioso que la adorne, pierde cualquier atisbo de interés y hasta cae mal.
Yo no echaré de menos el Tomate porque ya no lo veía y me fastidiaba bastante la espantosa y cansina sintonía que lo anunciaba. Además, estoy completamente segura de que los creativos de Tele 5 no tardarán en idear otro formato polémico para regocijo del sufrido televidente… que sí, que somos todos unos voyeurs morbosos que defenestramos el medio en detrimento de otros valores más “altos” y nobles, pero tengan piedad de nosotros los eruditos, los intelectuales y los voceros del rigor informativo de este país, que al fin y al cabo Camilo José Cela -todo un premio Nobel- acabó desposado con Marina Castaño.
Eso sí, cuidado con mentar a la “Familia” que se cierra el chiringuito sin previo aviso…